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Opinión | Al azar

La Luna vista y no visitada del Artemis II

El indicativo de que el viaje tiene cierta importancia reside en el desdén de Trump al felicitar a cuatro personas con la osadía de creerse por encima del presidente de su país

Artemis II, cerca de entrar en la órbita lunar tras completar la mitad de la misión

Artemis II, cerca de entrar en la órbita lunar tras completar la mitad de la misión

Cuatro astronautas alucinan al planeta pero no alunizan, en un viaje de la Tierra a la Tierra pasando por encima del satélite terrestre. A partir de ahora, sobrevolar París equivale a haberla visitado. La Nasa debió contrapesar el impacto publicitario de su titular «El ser humano vuelve a la Luna», con la cláusula adicional de que este retorno se produce a siete mil kilómetros de distancia mínima del objetivo. Cada vez que te las das de experto recordando que la potencia del Artemis II equivale a la suma de 160 Jumbos, tu interlocutor refunfuña su frustración ante una hazaña que se queda a mitad de camino.

La decepción se traslada a las frases históricas. Cuando el comandante Reid Wiseman esboza «Great view», tras el espectacular despegue del Artemis II, estas «Grandes vistas» solo confirman que se trata de un vuelo a distancia, propio de la civilización digital basada en la simulación. El embarazoso mensaje contrasta con Neil Armstrong describiendo «un pequeño paso para un hombre, un paso gigante para la humanidad». Son las ventajas de hablar sobre el terreno, aunque el presidente Nixon tenía redactado un discurso por si fallecían los tres astronautas del Apolo XI.

Con todo, el indicativo fundamental de que el viaje tiene cierta importancia reside en el desdén de Trump al felicitar a cuatro personas con la osadía de creerse por encima del presidente de su país. Fue un elogio superficial previo a una intervención sobre Irán, sin énfasis pese a los plazos del futuro alunizaje se han acelerado en honor del sumo ególatra. La Nasa minimiza riesgos y subraya el logro del récord de distancia espacial en la categoría de naves tripuladas, una marca difícil de apreciar fuera del estadio deportivo. Bajo este formato, la misión se ha centrado en cuestiones de vestuario o de fontanería, en felicitar al astronauta debutante o en quejarse de los lavabos. La astronáutica doméstica puede trasladarse a otros enclaves de interés periodístico, como «Atasco de las cañerías de la Capilla Sixtina» o «Protesta de los empleados de la Casa Blanca por la falta de papel higiénico». Marte sigue quedando demasiado lejos, aunque nadie se atrevería a contradecir a Elon Musk, el primer trillonario de la humanidad.

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