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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Niño, tira la lubina del Lunes Santo

Los hosteleros se quejan de la poca movilidad en Semana Santa y la consiguiente cancelación de reservas. Que tiemble la Agrupación de Cofradías

Sillas plegables para ver las procesiones.

Sillas plegables para ver las procesiones.

Los hosteleros malagueños se han quejado de las abundantes cancelaciones de reservas en los restaurantes durante la Semana Santa debido a problemas de movilidad. Que tome nota la Agrupación de Cofradías: cambiará el recorrido o lo hará más permeable o se verá obligada a hacer magia. Si los hosteleros se quejan de algo, ese algo cambiará. Es una ley universalmente aceptada, que diría Jane Austen.

Nuestra queja, la suya de lector y viandante y la mía de comentarista de la actualidad, no llegará a ningún término, pero si los hosteleros dicen que una cosa no funciona, esa cosa se cambiará. Lo cual no quiere decir que además no lleven razón.

El recorrido parece en algunas zonas un circuito cerrado con infames muros que impiden, no ya ver algo, sino simplemente ir de un sitio a otro. Los responsables de la seguridad son los primeros que expresan reticencias.

Luego está el malagueño, venga hagamos autocrítica, que se empeña en reservar un Jueves Santo a las diez de la noche en un restaurante de Molina Lario y sale de su domicilio en Rincón o Torremolinos, en coche, a las nueve y media. Tan pancho. No consciente de que se verá obligado a practicar el ayuno. Involuntario. Claro que también puede comerse el coche con patatas a lo pobre. Incluso aunque aparque, le será casi imposible acceder a su destino. Aunque nuestro destino sea como el de los ríos, que van a dar a la mar.

Mientras, su mesa vacía dará ambiente sombrío al restaurante y causará un perjuicio al hostelero. Viudas aceitunas. Huérfanas cervezas ¿Cuántas lubinas destinadas a servirse un Martes Santo habrán acabado siendo engullidas el Sábado de Gloria?

También causan ternura esos grupos de amigos, ya con más años que el Cenachero, que quedan en confluir en la plaza del Carbón y viniendo cada uno de un barrio distinto de Málaga se reprochan la impuntualidad y además dejan la reserva tirada. La cuestión persistirá. Y hay que afrontarla sin reservas.

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