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Opinión | Arte-fastos

Málaga

La frontera natural de Liliana Castillo

La creadora venezolana ha participado en la Marbella Design & Art con pabellón propio, donde ha mostrado su arte de impronta multicultural, planteamiento híbrido y discurso posmoderno

La artista LilianaCastillo, con su obra 'Frida Kahlo, esencia y raíces'.

La artista LilianaCastillo, con su obra 'Frida Kahlo, esencia y raíces'. / Cedida

A primera vista, la producción de Liliana Castillo (Venezuela, 1977) podría enmarcarse en el compromiso del artista contemporáneo ante la Naturaleza, entendido como una ética de la responsabilidad en torno a conceptos como respeto, conservación, mantenimiento y reciclaje; cuestiones que han determinado, entre otras vías, el auge de lo documental (fotografía o video) y la manipulación o tratamiento de materiales in situ o en el taller. Sin embargo, un análisis más detallado nos avisa de una artista ecológica que desborda los límites del objeto artístico y se expande al diseño industrial, creando su propia marca, Lilita Design, bajo una premisa irrenunciable: «Revelar la belleza que existe en la naturaleza, dando una segunda vida a los elementos que la constituyen».

No es de extrañar, por tanto, que su obra despliegue toda su capacidad sensorial y comunicativa en ferias o eventos donde arte y diseño van al unísono (aunque, con frecuencia, ambos conceptos concluyan en una tautología). Así, consta su participación en ediciones de JustMad (Madrid, 2021), Affordable Art Fair (Estocolmo, 2022), o la más reciente, Marbella Design & Art (2026), con pabellón propio. A caballo entre Londres y Valencia (donde posee taller), Castillo representa a la creadora nómada, cosmopolita, con residencias artísticas en Milán y Barcelona; una impronta multicultural que deriva hacia un planteamiento híbrido concerniente no solo a la praxis, sino también a disciplinas integradas en el discurso posmoderno, como la historia, la etnología o la antropología.

Esta voluntad de hibridación, tan dada a sincretismos formales y simbólicos, rescata maderas, raíces, hojas o frutas, tratadas con pigmentos minerales y fijadas en tableros bajo una capa de resina epoxi, lisa y pulida. El resultado final semeja combinaciones aleatorias, a medio camino entre el azar natural y la pulsión estética, dotadas de un insólito atractivo, lo que las hace idóneas tanto para su vertiente industrial (Línea Marítima/Ibiza; Línea de Tierra/Valencia) cuanto para su función como objeto artístico autónomo (Prehistoric abstract). La prevalencia por las tonalidades azules y terrosas, además de alzados y cortes estratigráficos bien definidos, confirman una querencia telúrica que tiene en Gea su punto de partida, ya como inventario de objetos salvados por una masa líquida primigenia, ya como paisajes previos a la formación de tierras y mares que relata el Génesis. En ocasiones, estas aguas -densas, minerales- revelan rostros anónimos ('Nueve lunas', 'Arte ancestral') o conocidos, sobre todo mujeres de especial relevancia para la autora ('Frida Kahlo, esencia y raíces', 'Las dos realidades de Marilyn'). Rostros desvaídos, casi fantasmales, que demoran su aparición plena, como si supieran que la naturaleza no desea ser humanizada. Según Adorno, ahí reside la dignidad de la naturaleza; y Liliana Castillo sabe que no debe traspasar esa frontera.

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