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Opinión | 360 grados

Patológica negativa a encarar la realidad de la guerra de Ucrania

Con la guerra que ha desatado junto a Israel contra Irán y que ha incendiado todo Oriente Medio, Trump quiere desentenderse del conflicto ucraniano, para enojo de los europeos

El presidente ruso, Vladimir Putin en una exhibición del equipo nacional de judo

El presidente ruso, Vladimir Putin en una exhibición del equipo nacional de judo / ALEXEI NIKOLSKY / EFE

La negativa de los gobiernos europeos a encarar la realidad de la guerra de Ucrania alcanza extremos casi patológicos. Resulta incomprensible negarse a ver lo que allí sucede, el empeño en no reconocer que la OTAN se equivocó al pensar que Rusia era, como dijo Donald Trump en cierta ocasión, sólo un «tigre de papel».

Y que con la guerra y las sanciones de Occidente se hundiría la economía rusa y con suerte se provocaría incluso un cambio de régimen en el Kremlin. Es como si no hubiesen aprendido nuestros políticos la historia de resistencia de ese país frente a las agresiones procedentes del exterior: desde Napoleón hasta Hitler.

La guerra de Ucrania pudo y debió haberse evitado mediante negociaciones diplomáticas, y en eso es en lo único en lo que tiene razón el irracional presidente estadounidense. Trump no puede, sin embargo, escudarse al mismo tiempo en su predecesor demócrata, Joe Biden, e ignorar que la de Ucrania es también su guerra, pues con el envío de armas a Kiev, él mismo contribuyó a prolongar el conflicto en su primer mandato.

Ahora, con la guerra que ha desatado junto a Israel contra Irán y que ha incendiado todo Oriente Medio, Trump quiere desentenderse del conflicto ucraniano, para enojo de los europeos, que insisten en que hay que seguir ayudando militar y económicamente a Kiev porque Rusia no puede ganar esa guerra.

Pero el ataque a Irán, al que, por su total ilegalidad, han negado a sumarse los gobiernos europeos, tiene también fuertes consecuencias económicas a ambos lados del Atlántico.

Consecuencias que son también estratégicas, sobre todo después de que Trump insinuase que podría sacar al país de la OTAN en represalia por la actitud de sus socios en esa guerra, lo que significaría que Europa tendría que encargarse de su propia defensa.

Y además teniendo enfrente a una Rusia de la que los dirigentes europeos dicen, sin aportar prueba alguna, que podría atacar a algún país de la OTAN dentro de tres o cuatro años, pero con la que al mismo tiempo se niegan a hablar.

Los gobiernos del continente parecen haber llegado a la conclusión de que el armamento que envíen a partir de ahora a Ucrania en sustitución del que deje de suministrar a Kiev Estados Unidos, que lo necesita para su guerra contra Irán, podría faltarles también a ellos en caso de conflicto.

Los europeos tienen un número limitado de misiles y no parecen tener por tanto demasiadas prisas en enviar esas armas a Ucrania, como les pide urgentemente el presidente de ese país, Volodímir Zelenski. Al mismo tiempo ven aquéllos con preocupación un cierto acercamiento de Washington a Moscú, como demuestra la visita que han hecho miembros del Parlamento ruso al Congreso estadounidense.

Mientras los europeos insisten en su política de ‘a Rusia, ni agua’, ven cómo el Gobierno de Donald Trump trata de mejorar las relaciones económicas y comerciales con Moscú. Al mismo tiempo no quieren ver lo que sucede últimamente en Ucrania, donde hay cada vez más ciudadanos que se niegan a que los envíen por la fuerza al frente y se resisten incluso con las armas.

En Leópolis, uno de ellos asesinó al reclutador del ejército que intentó darle caza para meterle como a otros en un autobús. Allí se denomina últimamente ‘busifikatsia’ (busificaciòn) esa práctica, cada vez más detestada, de las autoridades militares.

Nadie sabe cuánto podrá resistir todavía Zelenski, que sigue negándose a admitir la anexión por Rusia de las cuatro regiones de mayoría rusófona, además de la península de Crimea, que sus tropas han ocupado total o parcialmente.

Hay quien lo atribuye a que los grupos más ultranacionalistas - hay quien los califica directamente de -fascistas-- le han amenazado si es que termina por claudicar ante los rusos.

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