Opinión | Nada es lo que parece
Donald Trump y el ‘Sálvame’ diario
El expresidente Trump, cual subastero, recurre a amenazas para influir, pero los aranceles y el cierre de fronteras han provocado la subida de precios y la falta de mano de obra

El presidente de EE. UU., Donald Trump. / JIM LO SCALZO (EFE)
Donald Trump convierte cada tarde la Sala Oval de la Casa Blanca en una suerte de plató de Sálvame, con la diferencia de que sus chascarrillos se convierten en misiles Tomahawks que caen sobre los cielos de cualquier país del mundo. Trump no tiene un plan ni responde a una estrategia madurada, es una amalgama de chalados con distintas neurosis. Pero sigue siendo un subastero de Manhattan. Practica la pura y dura amenaza hasta que el vendedor se ajusta a su precio. Y, como buen subastero, la puesta en escena es importante. De manera que en ese plató de Sálvame va lanzando frases ingeniosas para impactar en los distintos algoritmos de las redes sociales. A lo Belén Esteban.
Los apocalípticos de la comunicación siempre confunden la atención con la influencia. Mirar la televisión nunca tuvo los efectos conductistas que avisaban los expertos. Si la pequeña pantalla anunciaba a bombo y platillo que el IPC había subido poco pero el pan estaba por las nubes, los sufridos espectadores no dudaban de cuál era la realidad. Empieza a ocurrir algo similar con las redes sociales. Por mucho que Trump haga gracietas insultando al mismo tiempo a todos los expresidentes, a todos los medios que no controla y a los ayatolás, la realidad se impone. Los aranceles no han llevado fábricas ni han creado millones de puestos de trabajo; más bien, las inversiones están paralizadas por la falta de mano de obra como consecuencia del cierre de fronteras y los precios suben al mismo ritmo que el petróleo. Trump, como Sánchez poniéndose este lunes la camiseta con el 22 o Feijóo lanzando exabruptos cada miércoles, logran éxito en las redes. Pero están cometiendo el mismo error que cometimos los medios de información al confundir los algoritmos con los ciudadanos. A diferencia de lo que piensan sus detractores, los algoritmos de las redes no controlan ni pretenden controlar las conductas, solo buscan captar la atención. Y al final, puedes ser el más seguido del planeta y el menos votado. Como tantos medios quisimos ser los más clicados y nos olvidamos de ser los más leídos..
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