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Opinión | 360 grados

Rusofobia que no cesa

Un cohete que transporta un satélite puede llevar igualmente un explosivo y, en lugar de orbitar en torno a la tierra, penetrar en el espacio aéreo de otros países, advierte el general Traut

El presidente ruso Vladimir Putin

El presidente ruso Vladimir Putin / EFE

Vuelvo tras unos meses a Berlín y me encuentro que poco o nada ha cambiado: pese a la guerra de Oriente Medio, Ucrania sigue acaparando la actualidad y hay sobre todo en los medios una rusofobia que no cesa.

En su último número, el influyente semanario ‘Der Spiegel’ publica una entrevista con el máximo responsable de la Luftwaffe (Fuerza Aérea), el general Michael Traut, en la que habla de Rusia como «el mayor peligro», no sólo en tierra, por el temor a un próximo ataque a algún país de la OTAN, del que continuamente se habla aquí, sino también «en el espacio».

«Tiene enormes capacidades y se comporta de un modo que no cabe calificar ni mucho menos de pacífico», comenta el militar, según el cual tampoco China «puede sernos indiferente».

E incluso pronostica que un futuro conflicto en la región del Indo-Pacífico «comenzará aquél con ataques a la infraestructura espacial».

Pero la preocupación más inmediata es, según Traut, la Rusia de Putin, que rastrea los satélites de Occidente y sigue de cerca todas las comunicaciones.

¿No es eso lo que hace también Occidente con los satélites rusos o los de China?, habría que preguntarle al general alemán.

No importa. Moscú ha tenido, según Traut, objetivos militares desde el principio mismo de la carrera espacial, y así con el primer satélite lanzado al espacio, el Sputnik 1, la Unión Soviética no pretendía demostrar al mundo tan solo su superioridad técnica.

Un cohete que transporta un satélite puede llevar igualmente un explosivo y, en lugar de orbitar en torno a la tierra, penetrar en el espacio aéreo de otros países, advierte el general alemán.

Algo que también preocupa constantemente a los medios alemanes es la dependencia que sigue teniendo Europa del uranio ruso para sus centrales atómicas.

La otra noche, la primera cadena de la televisión, que siempre se ha distinguido por denunciar las redes prorrusas que funcionan supuestamente en este país y la que califica de «desinformación» del Kremlin, publicó un reportaje muy crítico de la excesiva dependencia que sigue teniendo Occidente del uranio ruso.

Según un reportaje del programa Monitor, el consorcio estatal ruso Rosatom sigue dominando el mercado mundial de enriquecimiento del uranio y, a pesar de las sanciones de Occidente, construye nuevas centrales nucleares en países como Turquía, Hungría, Bulgaria o Egipto.

Lo que convierte a todos ellos en peligrosamente dependientes de Rusia como lo eran antes los países europeos de los hidrocarburos rusos hasta que decidieron cortar esos suministros a raíz de la invasión de Ucrania.

Rosatom no es sólo un proveedor de energía, sino que, según los medios germanos, el Kremlin utiliza esa empresa estatal como instrumento de geopolítica. Y su cooperación con la francesa Framatome es objeto aquí de críticas crecientes.

El reportaje de la televisión alemana presentaba a Putin como un personaje maquiavélico, y la sensación de miedo se acentuaba con un fondo musical semejante al de las películas de suspense. ¡Mayor manipulación del espectador, imposible!

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