Opinión | Viento fresco

Redactor jefe y articulista
Noches en Olivia Valere
Cierra el mítico club donde convenía no parecer Alfredo Landa y podías codearte con Sean Connery o Rod Stewart

Olivia Valere en una fiesta en su discoteca en el año 2002. / JUAN ZARZUELA
No solo le cierran a uno las tiendas en las que compraba calcetines o alcayatas, los bares en los que desayunaba o las librerías en las que adquiría libros o gorroneaba solapas. También cierran los sitios donde uno de más joven movía el esqueleto, le guiñaba a las noruegas y acababa las noches en esa ciudad a la que Raúl del Pozo definiera como Chicago con buganvillas. Cierra Olivia Valere. La mítica discoteca de Marbella que durante treinta años fue testigo de la diversión de nativos, aristócratas, pícaros, árabes millonarios o rusos malencarados. Gente guapa, precios prohibitivos. Sean Connery antes de que se hartara de los acosos.

Olivia Valere en una noche marbellí. / l.o.
Uno iba allí invitado o a trabajar, para hacer alguna crónica de famoseo. O iba por ver y oler a qué saben los ricos cuando les sale el dinero por las orejas y el champán por la nariz. Vivía en una Marbella que eran muchas Marbellas. Bastaba con avanzar o retroceder trescientos metros para estar en otro mundo. En Olivia Valere se paraba la noche, se olvidaban los problemas y había que procurar no parecer Alfredo Landa. Ni un inseguro oficinista de provincias. Tampoco un intruso. Una vez, a fuerza de mimetizarme, me pidió fuego una famosa. Era simpático Rod Stewart.
Valere tenía una competidora: Regine, otra dama del cachondeo, otra empresaria, otra francesa, otra discoteca. En Regine era más fácil que una chica despampanante se enamorara de ti a primera vista y por tanto te pidiera que la invitaras a una copa, era un lugar más pequeño y estaba más a mano desde el Puerto Deportivo, que era donde la juventud marbellera empezaba la noche hace décadas.

La discoteca Olivia Valere cierra tras casi 30 años en la noche marbellí. / l.o.
Hubo una serie que reflejó la rivalidad entre Olivia Valere y Regine pero aunque Belinda Washington (que hacía de ayudante, amiga de Valere) estuviera estupenda, la realidad siempre supera a Netflix e incluso a Telecinco.
En Olivia Valere convenía la naturalidad, cierta estridencia en el vestir, o no, y aplomo y habilidad para que la copa en vaso largo te durara un par de horas a no ser que un concejal de los de antes te vislumbrara e invitara. Antes, un concejal de Urbanismo convidaba a whisky. Ahora, se dedican a no hacer Vpos.
Un grupo mejicano (esto parece el Barrio de Salamanca) va a tomar las riendas del local. Seguro que es estupendo y carísimo y exclusivo, pero esa mezcla de horterismo y elegancia, derroche y muslámenes, esas Gunilas, ese ambiente, pudiera ser irrepetible.
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