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Opinión | Tribuna

J. Teresa de Ruz Massanet

Lo verde

Veo desde mi balcón lo que mis vecinos con planta baja cuidan con esmero. Lo que no saben es que también lo están haciendo con nosotros

Necesitamos más jardines y menos asfalto

Necesitamos más jardines y menos asfalto / Alfonso Vázquez

«Verde que te quiero verde...», pero no como el verde lorquiano de destino fatal y trágico, sino como el verde de elogio a la vida y a la naturaleza. Necesitamos más árboles y jardines, y menos asfalto.

A veces, la opinión surge a raíz del visionado de algún pódcast de YouTube donde ciertos creadores graban sus contenidos en forma de entrevistas o tertulias. También, esa inspiración puede llegar a través del incesante flujo de vídeos que invaden nuestras redes sociales: fragmentos de conversaciones de plataformas de audio en directo o grabadas, como las salas de Twitter, Facebook o incluso LinkedIn. En cualquier caso, han sabido inocular alguna curiosidad o despertar nuestras vísceras opinantes respecto al tema del momento para que acabemos posicionándonos. Y por algún algoritmo, en absoluto randomizado, se han colado en mi pantalla varias entrevistas realizadas al doctor José Luis Marín López, un reconocido psiquiatra y psicoterapeuta que además lidera el Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia. Como es un terreno que no me compete, no entraré a valorar algunas de sus declaraciones más controvertidas acerca de la depresión o de los antidepresivos, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, algo que me tiene desde hace un tiempo con las cortinas abiertas del salón de casa (sí, sí, las cortinas), ha sido escucharle explicar la necesidad urgente de poner en práctica en nuestras ciudades la regla 3-30-300; una idea lanzada a principios de 2021 por el profesor y experto en ecología urbana Cecil Konijnendijk.

La regla, en caso de consumarse, reduciría considerablemente el riesgo de sufrir malestar psíquico en los que habitamos las ciudades. Es decir, cumplir con esta tríada numérica para convertir los entornos urbanos en más saludables y amigables equivale a decir que al menos se tendrían que ver tres árboles desde tu casa (o como mínimo en el trabajo, ya que pasamos tantas horas), vivir en un barrio con un 30% de cobertura verde y estar a menos de 300 metros de un gran parque.

Como podrán intuir, además de descorrer de inmediato las cortinas, ya he hecho un análisis exhaustivo de mi zona de existencia, y cumplo con el primer y tercer punto. Respecto a eso de que el 30% de tu barrio tenga cobertura verde, me resulta más difícil de cuantificar, ya no solo por desconocer con exactitud los límites de mi barriada, sino por la dificultad en porcentualizar «lo verde» que haya en ella. Pero intuyo que no se cumple.

Esta regla, no es únicamente una bonita idea romántica. Como explica el doctor, se llevaron a cabo estudios en Utrecht (Holanda) o en Barcelona, con resultados que dan mucho que pensar: solo el 24% de la población urbana cumpliría con esta lista de verificación de bienestar. El otro dato significativo es que en los barrios donde se dan las tres condiciones, se consume entre un 12% y 15% menos de antidepresivos. No es un disparate afirmar, entonces, que la salud mental ya no solo se trabaja en la consulta: también se cultiva, riega y florece en el propio entorno.

Yo veo desde mi balcón el par de limoneros, el olivo, el pino y unas pocas palmeras que mis vecinos con planta baja cuidan con esmero. Lo que ellos aún no saben es que también lo están haciendo con nosotros. Además, hay plantados lo que creo que son plátanos de sombra en las aceras, equidistantes y cubrientes. Por eso, ese «verde que te quiero verde» debería trascender la poesía para aplicarse con ahínco en la planificación urbana y en las políticas públicas. Seguramente, todos lo agradeceríamos.

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