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Opinión | Análisis

Ignorancia y República

El debate sobre la República en España se ve empañado por ideas preconcebidas que la asocian erróneamente con ideologías políticas específicas, a pesar de su larga historia

Nueve reyes europeos fotografiados en Windsor en el funeral del rey Eduardo VII, el 20 de mayo de 1910: de pie, Haakon VII (Noruega), Fernando I (Bulgaria), Manuel II (Portugal), Guillermo II (Alemania), Jorge I (Grecia) y Alberto I (Bélgica), y sentados, Alfonso XIII (España), Jorge V (Reino Unido) y Federico VIII (Dinamarca).

Nueve reyes europeos fotografiados en Windsor en el funeral del rey Eduardo VII, el 20 de mayo de 1910: de pie, Haakon VII (Noruega), Fernando I (Bulgaria), Manuel II (Portugal), Guillermo II (Alemania), Jorge I (Grecia) y Alberto I (Bélgica), y sentados, Alfonso XIII (España), Jorge V (Reino Unido) y Federico VIII (Dinamarca). / L.O.

Cuando la primera de estas palabras revolotea sobre una conversación y la segunda sale intempestivamente a la palestra, siempre aflorará alguna personificación del efecto Dunning-Kruger que dirá «ser republicano es cosa de rojos», o «la república es cosa de izquierdas».

Si en esa misma conversación hay presente algún ciudadano de Alemania, Italia o Francia, todas repúblicas, desconcertado probablemente torcerá la cabeza cual conejo cuando se le echa las largas con el coche. La forma de gobierno sin monarca existe desde el año 509 antes de Cristo; la primera república, que fue la de San Marino, se fundó en el año 301; y las repúblicas modernas se asentaron a partir de 1792 tras la Revolución Francesa. Ni rastro de Marx, a quien le faltaban entonces dos décadas para nacer.

Pero en la «triste anomalía» llamada España, que dijera Almudena Grandes, el hecho de que durante los gobiernos progresistas de la II República se dieran algunos avances, como el acceso al voto de la mujer, la primera ley del divorcio, implementar la laicidad del Estado o llevar a cabo reformas integrales en lo educativo, laboral y agrario, casi cien años después, todavía parece escocer.

Ya se lo confesaba Adolfo Suárez en 1995 a Victoria Prego creyendo que su micrófono estaba apagado, y es que al pueblo español se le traicionó para impedir un referéndum que les permitiera decidir si Monarquía o República. Y más de medio siglo después, con escándalos de varias corruptelas del entonces rey y su familia, con encarcelamientos y exilios, y con una abdicación exprés aprobada en 2014, seguimos sin poder votar. El eco del «¡vivan las cadenas!» parece que no se termina de disipar.

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