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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Parábola del futbolista

Escribe uno una columna sobre la mala educación de un balompedista y luego resulta que ni es maleducado ni la televisión ha mostrado bien la realidad

Oyarzabal y otros compañeros de la Real Sociedad el pasado sábado.

Oyarzabal y otros compañeros de la Real Sociedad el pasado sábado. / agencias

Tenía escrita una columna sobre la mala educación del capitán de la Real, Mikel Oyarzabal, que no quiso darle la mano ni a Ayuso ni a Juanma Moreno. Pero resulta que sí se la dio. Por lo menos a Ayuso, sí. Las imágenes de la entrega de la Copa en el palco que uno vio, y la consiguiente cataratas de tuits, hacían ver que Oyarzabal pasaba de largo (y olímpicamente) de Ayuso. Pero horas más tarde comenzó a circular la secuencia completa: sí saluda Oyarzabal. Lo hace quizás con demasiada antelación, tal vez por eso la siguiente secuencia, que lo muestra saludando a otro, al siguiente del palco, induce a error.

Procede tragarse la columna y los argumentos, que como aún es de buena mañana pueden ingerirse mojados en el café como si fueran churros. De repente la realidad le estropea a uno un texto. Para eso está la realidad, supongo. Y el texto se queda fuera de fecha, pudriéndose, amarilleando. Nótese leyendo parte de lo que tenía escrito: «El capitán de la Real Sociedad, Mikel Oyarzabal, no saludó en el palco, cuando iba a recoger la Copa, ni a Juanma Moreno ni a Isabel Díaz Ayuso. Es tan buen futbolista como maleducado. Se le entiende que no sea fan de Ayuso, a Moreno, tal vez ni lo conoce, pero la cortesía es un atributo de la inteligencia. Y la educación, algo básico de lo que Oyarzabal, que tanto nos hace disfrutar con su fútbol, carece. Será cosa de su casa y de sus padres, o tal vez del ambiente político de cierta Euskadi o del miedo o de su botaratismo y dificultad para aprender, pero lo cierto es que resulta básico dar la mano a alguien, por civilidad, que solo quiere felicitarte y entregarte un copón».

Esa parrafada que acaba de leer no vale para nada. Hay que ver la cantidad de renglones que puede producir que un futbolista salude o no a unos políticos. Oyarzabal es bien educado y un señor y un gran futbolista. Es la televisión (queriendo o sin querer) la que ha manipulado la realidad. Es también una cuestión de miradas: si buscamos el morbo, lo encontraremos; aunque Oyarzabal salude con todo su cariño a Ayuso, si nos empeñamos en ver hostilidad, veremos hostilidad. Lo cierto es que este pobre chico se fue a la ducha con gotas de sudor -de tanto abrazar y dar manos- de muchísima gente, del presidente de la Real, del Rey, de los alcaldes de Sevilla y San Sebastián, de los presidentes autonómicos, de tanta y tanta gente. Había más gente en ese palco que en toda la España vaciada. Lo interesante sería saber cómo se han saludado entre ellos. Y lo que vemos luego desde nuestras casas.

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