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Opinión | Málaga de un vistazo

Mucho ruido y muchas veces

Qué difícil se ha vuelto callarse. Aunque uno no tenga nada que decir hay demasiados sitios dónde expresarse, muchas formas de hacerlo y aparentes ocasiones. Y además uno puede hacerlo de forma instantánea, no importa lo lejos que estemos del receptor, ni lo lejos de tener que decir nada, a través del móvil se acortan las distancias y también el criterio de cuándo callarse. Nos llega en directo lo que pasa en el mundo y a la vez enviamos al mundo o a alguien en concreto todo lo que se nos pasa por la cabeza en cada momento. O por donde sea.

Me pregunto dónde estaba todo ese ruido antes, todas esas opiniones y disparates, que se leen y decimos en cualquier parte, por no pararnos a pensar antes un poco si era necesario decirlo, o acaso mandarlo. A veces contestando a otros mensajes en los que tampoco se ha invertido tiempo en comprender el contenido o el contexto, si era apropiado o para nosotros, si merece la pena ser contestado o siquiera atendido. Me pregunto dónde quedaba todo eso antes, cuando no había forma de decirlo, y cada uno se lo callaba mecánicamente, sin imaginar siquiera que debiera expresarlo. Lo mismo duraban esos pensamientos apenas unos segundos en la cabeza y luego se marchaban sin echarnos cuenta. O tal vez maduraban en la cabeza, iban cogiendo forma, se razonaban y convertían luego en algo de digno de compartirse, de hablar con alguien, o escribirlo.

Pero eso se acabó, ahora el ruido mental de cada uno se vuelca para todos, en WhatsApp, en las tertulias, el parlamento, los bares o en las redes sociales. Lo inapropiado y pertinente se han vuelto indistinguibles. Cuando nadie se calla nada, ninguno sabe lo que dice ni a quién le habla.

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