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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Menú infantil

Viendo la variedad física, la verdad es que a unos niños les cunde más que a otros la dieta mediterránea

Peque almuerzo escolar.

Peque almuerzo escolar. / Europa Press

Dicen los liberales que el colmo ya es que el Gobierno se meta hasta en qué comemos. Es aquello de Aznar de qué le importará a la DGT el vino que yo haya bebido. No hay que ser ni liberal ni socialdemócrata para estar de acuerdo con el decreto del Gobierno que va a regular los menús escolares. Básicamente se trata de eliminar bollería industrial, fritos, etc. y dar más prioridad a frutas, legumbres, hortalizas y pescado. La carne, una vez a la semana.

Aunque hay algunos niños a los que les cunde más que a otros la dieta mediterránea, está bien eliminar por ley la tentación de lo baratuno, evitar el hecho cierto de que algún cole tuviera la intención de poner demasiados fritos, demasiado material poco saludable. Ahora es cuando sale un lector y me dice que él se ha criado lustroso y sano y tiene ya cuarenta años y en su infancia se hartó de bollos, espaguetis con tomate y chocolate. Bien. Pero claro, dos cosas: no es la edad que se tiene es a cuál se va a llegar. Otra: por eso avanzamos y nos civilizamos, de la carne de bisonte cruda hemos pasado al sushi. Antes nos matábamos en un campo de batalla y ya en poco mandaremos robots.

Cuando uno es niño de verdad lo que le gusta comer es básicamente nada. A no ser que sean chucherías o algo que lleve tomate. Qué sería de los niños sin el arroz a la cubana. Le he preguntado a la IA, así, por la cara, que qué sería de los niños sin el arroz a la cubana. Y que no se enrolle. Me ha contestado:

«El arroz a la cubana es el salvavidas de la infancia. Sin ese volcán de arroz, la alegría del huevo frito y el dulzor del plátano, los almuerzos perderían su magia. Es el plato que convierte un día ordinario en una fiesta sencilla, nutritiva y grabada en la memoria». Sin duda es una prosa de alguien que no se alimenta de caviar y ostras ni está en la festiva hora del aperitivo sabatino pero que sí presenta un riego cerebral normalizado que no obstante podría mejorar con un sorbito de vino. Es una prosa como de primer día de taller literario. Como de folleto.

Todos los nuevos menús escolares llevarán ensalada de guarnición en el segundo plato, lo cual tendrá dos efectos inmediatos: niños más saludables y niños pidiendo en el fin de semana en casa o en el restaurante toneladas de patatas fritas para acompañar lo que sea.

Se llama educación y el gusto también se educa. Hay niños que nos traen fritos y otros son muy crudos en sus opiniones. Cuando vuelven a casa nos relatan qué han comido como si fueran un crítico gastronómico exigente. Ellos no hablan de textura ni de sublime ni de correcta presentación y servicio atento. Son sinceros. Lo cual es muy sano.

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