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Opinión

Málaga

Queridos niños: hora de pintar

Un paseo por dos muestras de trabajos de clase de alumnos infantiles y adolescentes de dibujo y pintura

Imagen de la muestra 'El arte de experimentar'

Imagen de la muestra 'El arte de experimentar' / J.M.S.

Siempre que tengo ocasión, me gusta visitar aquellas exposiciones que recogen los trabajos de clase del alumnado infantil y adolescente de las distintas escuelas de dibujo y pintura, públicas o privadas, que encontramos casi por doquier. En esos papeles, advertimos el temblor de los primeros pasos, la voluntad por atrapar unas formas que se resisten a las dos dimensiones, a esa mirada limpia que ve las cosas en su simplicidad más elocuente, más sincera. Y también, en el fondo, acudimos a estas citas con la secreta esperanza de descubrir un trazo prodigioso, un arabesco inédito que permita vislumbrar al nuevo genio artístico malagueño (que conste, utilizamos la palabra genio con toda la cautela posible). Porque, ¿quién puede descartar que otro Picasso no se halle entre esas decenas de jóvenes que muestran sus creaciones con tanta ilusión?

Ya que hemos citado a Picasso, y por el tema que nos ocupa, conviene recordar un comentario suyo, recogido por Jacques Cely ('L’Echo', 1970), mientras visitaba una exposición de dibujos de niños: «A su edad yo dibujaba como Rafael, pero me ha hecho falta toda una vida para aprender a dibujar como ellos». Sin duda, el maestro del cubismo mantendría esta opinión a la vista de las obras expuestas en dos eventos que coincidieron la semana pasada (a buen seguro habría más, pero no podemos visitarlos todos): 'Club Manojito del Arte' y 'El arte de experimentar'. El Ateneo malagueño, mediante su vocalía de Acción Literaria, impulsó el pasado martes (14-abril), la primera exposición efímera 'Club Manojito del Arte', cuyo equipo organizador, formado por Clara Belén Gómez, Lapili Esteban y Vicky Molina, proponía descubrir «el talento joven, inquieto y luminoso». Y a fe que lo consiguieron: los dibujos -en general, muy meritorios- mostraban tal desparpajo y valentía que, algunos, auguraban prometedoras carreras artísticas.

Más nutrida en obras y participantes se anunciaba 'El arte de experimentar' en el Centro Cultural de San Pedro Alcántara, que reunía alumnos jóvenes y adultos de dos colectivos: el taller Sala de Arte y la A.V. Julio Romero de Torres, bajo la dirección de Marie de Smet, artista y docente. La intención pedagógica resulta evidente no solo en el título, también como actitud ante las diversas técnicas artísticas, concebidas como campos de pruebas en torno a una consigna clara: «Aquí el error no es un fracaso, sino una oportunidad», según leemos en la hoja de sala (y esto nos recuerda que José María Moreno Galván también concebía el arte moderno como un arte de problemas). Cada sección ofrecía, como es habitual, piezas sorprendentes, copias imaginativas o soluciones inesperadas; pero me detuve largo rato en el panel de «trabajos colaborativos», donde pude constatar las teorías de Jean Piaget sobre el animismo infantil y su aplicación plástica. Así, una guitarra, un sol, un árbol, una casita… Cosas, en definitiva, se representan como si estuvieran vivas y dotadas de intenciones, todas buenas, reflejo del corazón noble de estos aprendices de pintor. Aunque no sean cubistas (o quizás sí).

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