Opinión | Málaga de un vistazo

Abogado
Alhambras y Alcazabas
Crítica a la costumbre de visitar maravillas lejanas sin apreciar las de nuestro propio entorno, como la Alcazaba malagueña

Vistas de la Alcazaba de Málaga desde el Teatro Romano. / Álex Zea
Por muy localista que sea, que lo soy, la Alhambra es mejor que la Alcazaba. Y las playas de la costa gaditana son mejores que las de nuestra provincia. Estas son cuestiones razonablemente objetivas y, por tanto, poco debate generan.
Ahora bien, ello no justifica que haya muchos malagueños que vayan a Granada y visiten la Alhambra, y sin embargo, no hayan visitado nunca la Alcazaba. O que visiten la Catedral de Sevilla y no hayan entrado en la nuestra. La expresión latina «ad astra per aspera» hace referencia a que sólo se llega a los grandes éxitos a través del sacrificio. Y esto tiene mucho de verdad. Pero que todos los grandes éxitos exijan un camino difícil no significa que todo camino difícil lleve al éxito. Y, asimilado a ello, que haya verdaderas maravillas fuera de nuestra tierra, en lugares a los que nos cuesta más llegar, no significa que todo lo que haya fuera es mejor de lo que hay aquí.
No podemos concluir que cualquier sitio lejano, para el que necesitemos nueve horas de avión, sea un lugar de mayor valor que el nuestro. En algunos casos sí, pero no siempre. Es muy fácil infravalorar lo que tenemos a mano. Si las playas de Maro estuvieran en Croacia, muchos de quienes no las han pisado viajarían a verlas. Que vamos a cualquier ciudad y entramos a los museos, y los de aquí ni los pisamos. Nos pasa igual con las personas. Tendemos a minusvalorarlas cuando las tenemos y a sobrevalorarlas cuando las perdemos. No digo que tengamos que renunciar a los sitios y a las personas que están lejos o que aún no conocemos, pero ello no debe llevarnos a no disfrutar ni reconocer lo que tenemos a mano. Lo dicho: llama a tu mejor amigo o amiga y dad un paseo por Málaga como si os hubiera costado mucho venir.