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Opinión | El adarve

Más libros, más libres

He regresado a los años del plomo. Las dos novelas, ‘Maite’ y ‘Plomo’, me han retrotraído a los muchos años que viví la atroz experiencia del terrorismo

Manifestación contra el terrorismo.

Manifestación contra el terrorismo. / Efe

El pasado 23 de abril se celebró el Día Internacional del libro. Como todo el mundo sabe, la Unesco decidió en 1995 establecer esa fecha conmemorativa porque coincidía (aproximadamente) con la fecha de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega, de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare. En Cataluña, el 23 de abril coincide con San Jordi y en esa fecha se repitió la hermosa tradición de regalar libros y rosas. (Me gustan los libros más que los e-books porque nunca podré encontrar en estos últimos unos pétalos de rosa ya secos entre sus páginas).

Un profesor preguntó a los niños qué fiesta se celebraba el día 23 de abril y contestó con aplomo que era San Cervantes. Las fiestas, en nuestra cultura, honran a dioses, vírgenes y santos. ¿Por qué no beatificar al autor del Quijote? ¿Por qué no santificar a quien nos ha hecho disfrutar de obras que han hecho tanto bien a la humanidad?

Cada día tengo más libros en casa porque no sale ninguno, salvo algún regalo y algún préstamo, y llegan nuevos libros casi a diario. Hay libros por todas las partes de la casa. En el estudio, sobre todo, claro está, pero también en otras estanterías de la buhardilla, del hueco de la escalera, del dormitorio, del sótano… Me gustan los libros físicos, su tacto, su olor, sus tapas, sus páginas… Me gustan los ex libris (qué hermoso regalo, amigo Carlos Arconada), los atriles, los sujetalibros, los marcapáginas o separadores, los catálogos… El primer marcapáginas documentado de la historia data de 1584, cuando el impresor Christopher Barker regaló a la reina Isabel I de Inglaterra una Biblia que incluía una cinta de seda con una borla dorada. Me gusta el oficio de los escritores, de los traductores, de los editores, de los correctores de estilo, de los impresores, de los encuadernadores, de los distribuidores, de los libreros, de los bibliotecarios, de los youtubers que aconsejan lecturas… Me gustan los libros sobre bibliotecas, sobre librerías, sobre el mundo de los libros… Ahora mismo estoy leyendo ‘La librería mágica de los cerezos en flor’, de Takuyo Asakuya, editado aquí en 2025. En este mismo espacio escribí hace años un artículo titulado ¿Qué sería de mí sin la lectura? Hoy lo volvería a escribir con nuevos argumentos.

Me gustan los prólogos (maravilloso el que me escribió Manuel Alcántara y agradecido por los 105 que me han pedido hasta la fecha), las dedicatorias (un escritor inglés escribió: «a mi mujer, sin cuya ausencia nunca hubiera podido escribir este libro»), los índices (alguien dijo que, respecto a los libros, no hay que fiarse ni del índice), los textos de las solapas , y el resumen de la contratapa (tantas veces redactados por los autores), las erratas casi inevitables (después de una profunda revisión podemos asegurar que en este libro no ha quedado ninguna erata)…

Tengo un e-book perdido en el estudio porque prefiero la compañía del libro, el gusto de tenerlo en las manos, el ritual de pasar las páginas, el uso del separador al empezar y acabar la lectura, el libro en la mesita de noche, el meter dos o tres libros en la maleta…

Acabo de leer dos novelas sobre aquellos tiempos del terror en los que ETA mataba sin piedad en nuestra tierra. Han llegado a las librerías casi simultáneamente. Una es de Fernando Aramburu, que ya abordó el tema de ETA en ‘Patria’. Ahora ha escrito ‘Maite’. El segundo es del periodista José Luis Sastre y se titula ‘Plomo’. Estremece pensar que lo que se describe en esas novelas fuera una realidad cotidiana que, no hace mucho tiempo, tenía sumido al país en el horror. Nos levantábamos cada día con el alma encogida porque la noticia de los atentados ocupaba la apertura de los telediarios, las portadas de los periódicos y los informativos de las radios. La noticia era la muerte. Casi mil muertos. Un coche bomba, un tiro en la nuca, un nuevo secuestro, un impuesto revolucionario. Funeral tras funeral con la sensación de impotencia, de dolor y de rabia en los corazones. El terror se había instalado en la vida de la gente que reaccionaba cada vez con mayor dolor, indignación y hartura. Todos estábamos en peligro porque la banda mataba unas veces selectivamente (un policía, un político, un profesor…) y otras de manera indiscriminada (una bomba en un supermercado de Hipercor).

‘Maite’ es una novela que describe, a través de la vida de tres mujeres (Maite, casada y sin hijos, con su marido ausente por un viaje, su hermana Elene que está de visita en San Sebastián procedente de EEUU donde vive con su marido y sus hijos, y su madre enferma que vive sola) el dramático secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Ermua, provincia de Vizcaya. La banda chantajeó al Gobierno con exigencias inasumibles relacionadas con el acercamiento de presos de ETA a cárceles vascas. Ante la negativa, la banda le pega dos tiros en la cabeza al político, que muere en el hospital a las pocas horas. La novela se desarrolla en solo cuatro días del mes de julio de 1997: 10 de julio, día del secuestro; 11 de julio, horas de incertidumbre y primeras reacciones; 12 de julio, el asesinato; 13 de julio, impacto social y emocional de la muerte.

‘Plomo’ es una novela de José Luis Sastre. Su segunda novela, después del éxito que alcanzó con ‘Las frases robadas’, novela que leí con interés, recién aparecida en librerías. Describe la historia del escolta de una concejala del PP en un Ayuntamiento del País Vasco. Consciente de que se juega la propia vida, un policía acepta la protección de una concejala amenazada de muerte por la banda terrorista ETA.

No diré nada sobre el final de la obra. Solo quiero dejar constancia de la cotidianidad del horror que describe el autor en cada página. Encerrarse en casa, ir a dormir a un hotel, mirar debajo del coche antes de subirse y arrancarlo para no saltar por los aires, no poder hablar en un mitin, cambiar cada día el itinerario, vigilar los movimientos de los vecinos, escudriñar los actos sospechosos… Con el miedo por los hijos (del escolta y de la concejala) en medio de tantas amenazas.

Durante la lectura he regresado a los años del plomo. Las dos novelas me han retrotraído a los muchos años que viví la atroz experiencia del terrorismo.

Los capitostes del PP y de Vox invocan a cada paso la connivencia del Gobierno con los herederos de la banda terrorista. La señora Ayuso, en su delirio, dice que ETA está preparándose para invadir el País Vasco y Navarra. Felipe González (otro de derechas que ha recibido a María Corina Machado) dice que él jamás hubiese pactado con Bildu. ¿Por qué, señor González, si es un partido democrático, sin los casos de corrupción que otros partidos acumulan? ¿Qué les pasa? No se han enterado de que afortunadamente, la democracia acabó con los planes de la banda, con sus atentados, con sus secuestros, con sus extorsiones? ETA se entregó con armas y bagajes. Lo que tanto añorábamos, ha llegado: ya no hay bombas ni tiros. Ya están en las instituciones. ¿Por qué los críticos con el Gobierno parecen añorar la época de plomo?

Recuerdo un artículo que escribí cuando el presidente Zapatero negociaba con la banda previa aprobación de la iniciativa por el Parlamento. Entonces la derecha decía que quien negociaba con terroristas era un terrorista, que quien se sentaba en la mesa de negociación faltaba al respeto a las víctimas. El artículo se titulaba ‘Adelante, señor presidente’. Decía en él que nadie hace más por las víctimas que quien intenta que no haya ni una más, que sería hermoso decir a nuestros hijos y a nuestros nietos que lo que no consiguieron las armas lo consiguió la palabra, que sería muy beneficioso que todo el dinero que se invertía en la lucha contra ETA se pudiera dedicar a mejorar la educación y la sanidad…

Pensar que aquella pesadilla ha desaparecido de nuestra democracia debería ser un motivo de unión, de alegría y de orgullo. El diálogo acabó con la violencia, la palabra se impuso a las armas, la sensatez terminó con la brutalidad. Mis condolencias a las víctimas. Dos libros me han llevado al oscuro y doloroso pasado. Dos novelas históricas me han hecho pensar que estamos disfrutando un presente en paz. Más libros, más libres.

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