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Opinión | En corto

Amores que matan

Los habitantes de un país europeo practicaban ritos ancestrales que amenazaban la supervivencia del salmón atlántico en sus ríos.

Un salmón remontando un río

Un salmón remontando un río / Agencias

En aquel remoto país, en el borde mismo entre el Norte y el Sur de Europa, los habitantes profesaban un raro amor a su formidable naturaleza, pues mientras celebraban el paraíso que ésta les entregaba no eran capaces de erradicar algunos ritos que iban acabando con ella. Así, al llegar una época del año, se lanzaban a sus ríos para dar muerte al salmón, que tras un milagroso viaje por el Atlántico, guiado tal vez por las estrellas, retornaba a su origen para procrear. El rito, al que hubiera bastado una simbólica captura sin muerte para devolverlo al río, incluía su ingesta, así como un «premio» a la primera captura que las propias leyes del mercado iban elevando en proporción inversa a la población piscícola. De este modo el último salmón -día que ya se vislumbraba en el horizonte- tal vez alcanzaría un precio infinito. Año tras año el acontecimiento se festejaba como un triunfo.

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