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Opinión | El jugador número 13

Despejar mentes

El equipo malagueño busca recuperar la regularidad perdida y afrontar con garantías la Final a Cuatro de la FIBA BCL, además de la Liga ACB

Los jugadores del Unicaja celebran la victoria contra el Hiopos Lleida.

Los jugadores del Unicaja celebran la victoria contra el Hiopos Lleida. / l.o.

La vuelta del Unicaja a la senda de la victoria, con el triunfo ante el Hiopos Lleida de Melvin Ejim el pasado sábado, no sé si era la vuelta a lo esperado (dando por extraordinario perder cinco partidos consecutivos) o hacer como normal lo habitual, que de un tiempo hasta ahora era relacionar a los de Ibon Navarro siempre con la victoria.

Lo cierto es que cara a esa oportunidad brutal que tiene este plantel la semana próxima en Badalona con la Final a Cuatro de la FIBA BCL, era necesario quitarse ese peso de encima con una victoria. Cosa que, además, hay que llevar de la mano del partido de mañana ante el Dreamland Gran Canaria y del Asisa Joventut del sábado.

El momento clasificatorio del equipo en la Liga ACB no permite la mínima rebaja para priorizar la competición continental, carta que tal vez hubiera podido jugarse, ante el manifiesto problema de juego y resultados de los cajistas.

Con lo que hemos visto recientemente en Málaga, que en el club se hablara de «tomar medidas» para enderezar el camino del equipo, ha tenido su reflejo en ajustar las convocatorias a los que estén en la forma adecuada y con el reparto de minutos que permitan la situación del partido, el rival y el estado de concentración de los miembros del plantel.

Hablar sobre lo que hay que mejorar en mitad de una crisis, conlleva la necesidad de acertar el objetivo a mejorar. Pero de entrada, el tema mental es obligatorio a tratar, porque algo visto en los momentos malos del partido del sábado fue el rato que el Unicaja estuvo preso del ansia por querer resolver demasiado rápido los problemas defensivos que los de Gerard Encuentra plantearon.

Pelear contra los rivales, la falta de regularidad demostrada, una solidez aún pendiente de capturar y demasiadas lagunas de concentración lastran a un plantel que, además, tampoco tiene la adhesión incondicional de los que se autodenominan suyos, entre otras cosas, porque eso no ocurre ni con el viento a favor.

Quienes tienen su labor profesional cara al público saben de sobra lo ingrato que es, porque jamás hay un respaldo positivo a lo que hacen. Sin hablar, claro está, de jefes o de la competencia, imaginen que los propios compañeros suyos convierten la actuación de cada uno en una crítica arrojadiza sin aportar nada, pues ahí tenemos otra situación con la que lidiar y a la que intentar aislar.

¿Que si este Unicaja es capaz de mejorar lo hecho hasta ahora? Pues sí, inconvenientes ya mencionados y que nos sabemos de memoria los tienen todos los equipos en su vida diaria. Algunos no son posibles de gestionar, como pueden ser las lesiones, pero cómo afrontar lo que queda de trabajo sí, y mirando hacia lo próximo que viene, pues entiendo que el equipo malagueño puede completar la temporada de manera más que adecuada.

Quedándome con el primer turno, la Final a Cuatro de Badalona que viene en unos diez días, no irme al lado optimista y pensar que dos partidos seguidos bastan para conseguir un título, sería mentir. ¿Que tanto AEK como Canarias o Rytas están más que capacitados para ganar al Unicaja?... también. Pero negarle posibilidades más que ciertas al grupo de Ibon Navarro estaría muy mal.

Que el equipo ha generado muchas dudas es un hecho, que a estas fechas tendría que ser dueño de una velocidad de crucero como se vio en temporadas anteriores, por supuesto, pero que si se viene un final de ciclo siempre será mejor darle el cierre que muchos pensamos que se merecen, eso está ahí.

Se trata de trabajar, y no sólo será labor de cancha, será también fuera de ella, despejando la mente de malas situaciones, centrándose cada uno en la labor a hacer para minimizar errores que no provoca el contrario e intentar esquivar lesiones, aunque eso no se puede meter en una planificación.

No hago un llamamiento a nada heroico, no se trata de esa escena final de Alatriste con los Tercios de Flandes en Rocroi, aunque eso de que Alberto Díaz no vaya a parar con un dedo roto sea tentador. Simplemente creo que un momento de felicidad más para este grupo no es ni mucho menos inmerecido.

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