Opinión | Málaga solidaria

Técnica de INCIDE
El true crime y el foco de atención
Una cuarta parte de la humanidad vive en zonas con conflictos armados

Funeral en Líbano. / Ali Hashisho
La sobreexposición a desgracias naturalizada define el transcurso de nuestras vidas de forma desgarradora, la sobre estimulación cognitiva acompaña a las nuevas generaciones desde el inicio más temprano de sus vidas, mientras que las y los pertenecientes a la clase productiva saturamos nuestras escasas horas libres con relatos verídicos de terror, a los que asociamos un nombre anglosajón, consiguiendo así desvincularnos del duro significado de su traducción.
¿Qué diferencian los relatos de crímenes reales de las noticias diarias de conflictos geopolíticos?
No poseemos información concreta sobre la cantidad de personas adultas, en nuestro país, que utilizan el true crime como su dosis de melatonina diaria, pero conocemos la existencia de esta conducta y podríamos plantearnos su denominación como normativa, no alarma ni destaca como extraordinaria, sino que ha pasado a convertirse en una experiencia compartida. En cambio, según el informe del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford, a nivel global, la evitación selectiva de noticias ha alcanzado niveles récord, situándose en torno al 39% de la población, según datos de 2024 y 2025, destacando la especial evitación a las noticias relacionadas con guerras y conflictos como las situaciones en Ucrania o Palestina.
¿Cuál es la razón de que evitemos de múltiples formas distintas las tragedias colectivas pero recurramos y necesitemos contenido audiovisual detallado de larga duración, de las tragedias individuales para calmar nuestras horas muertas?
Recientes respuestas teóricas relacionan el consumo de crímenes reales con una falsa sensación de control y seguridad, se afirma que muchas personas recurren a la información detallada en busca del diseño de estrategias de protección, buscamos anticiparnos al momento del ataque homicida. Teniendo en cuenta que el riesgo de muerte violenta en España es inferior al 0,069% del total de defunciones y que ya es un hecho la exposición de la ciudadanía española a las consecuencias de los conflictos bélicos ¿Por qué enfocaríamos nuestras estrategias de protección en lo improbable y descuidaríamos lo tangible?
Una cuarta parte de la humanidad vive actualmente en zonas afectadas por conflictos armados, 2.000 millones de personas, cifras alarmantes que en la época en el que nos ha tocado vivir podrían aumentar en cualquier momento, ¿qué nos hace ser capaces de empatizar a detalle con un caso aislado pero ignorar lo que afecta a una cuarta parte de la población mundial? ¿por qué planeamos estrategias de actuación para huir del escaso peligro homicida pero criminalizamos a los humanos que acuden a nuestro país para huir del peligro real que acecha sus vidas?
Puede que la cuestión caiga en una sociedad en la que seguimos buscando víctimas planas y perfectas en planos complejos de la experiencia humana, seguimos buscando culpables entre las víctimas y continuamos glorificando victimarios.
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