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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Adolescentes y rebeldía

El 80% de los muy jóvenes piensa que los políticos no escuchan y mienten. Lo raro es que haya un 20% que opine lo contrario. Ahí es lo noticiable

Muchachada con mochilas en un centro escolar.

Muchachada con mochilas en un centro escolar. / Europa Press

El ochenta por ciento de los adolescentes cree que los políticos no escuchan. El mismo porcentaje, ochenta por ciento, opina que los políticos mienten. Aquí lo noticiable, lo raro, es que haya un veinte por ciento que opine que los políticos escuchan y dicen la verdad.

La adolescencia es territorio rebelde. Aunque los políticos dijeran verdades: están los adolescentes como para escuchar a nadie, con lo mucho que tienen que oír a sus hormonas.

El estudio lo ha elaborado un organismo llamado Plan Internacional en colaboración con el Consejo Económico y Social de Andalucía. No es que los adolescentes sean antisistema, es que son otro sistema. Otros códigos, otras necesidades.

La adolescencia es la juventud de la juventud o la adultez de la niñez, un periodo complicado en cualquier caso en el que se intuye que los héroes lo son menos, que los padres tienen defectos y que no se es guapo. Más que de decepciones es una etapa de descubrimientos. Claro que, tratar de definir la adolescencia puede resultar un ejercicio viejuno o, cuanto menos, de boomer. Corres el riesgo también de parecer Pablo Coelho. «La nieve y la adolescencia son los únicos problemas que desaparecen si los ignoras el tiempo suficiente», dijo Earl Wilson, legendario y mordaz columnista norteamericano de chismes del siglo pasado. Por su parte, Ambrose Bierce, en su Diccionario del diablo, un libro al que hay que volver de continuo, definió adolescencia como «una etapa entre la infancia y el adulterio». Bierce fue el que dijo de la audacia que es «una de las cualidades más evidentes del hombre que no corre peligro», lo cual no tiene nada que ver con esto de lo que hablamos pero que conviene tener en cuenta.

El sondeo arroja que las chicas son ligeramente más críticas con la política y la realidad que les rodea. Menos confiadas. Se confirma que los hombres, esto ya es cosecha propia, maduran más tarde si es que maduran. Más del 70% de los encuestados manifiesta estar satisfecho con su vida, lo cual nos llena de satisfacción pero nos introduce la preocupación por ese 30% restante. Toda la vida hemos asistido a la lucha de clases y ahora parece que comienza la guerra de generaciones, con esas críticas absurdas a los pensionistas, esa división por mor del acceso o no a una vivienda entre adultos y jóvenes y esas generaciones que se ven obligadas a compartir piso, precariedades y paquete de salchichas.

Fenómenos estos que saltan a la vista. Pero no se escuchan. En un ochenta por ciento.

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