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Opinión | Málaga de un vistazo

Juguetes rotos

Baja la persiana Juguetes Carrión. No es, como en otras ocasiones, por falta de relevo generacional. Es por falta de ventas, situación que los dueños de la empresa achacan al descenso de la natalidad, a la evolución hacia juegos digitales y al cambio de hábito de los padres, que optan por comprar los juguetes a través de grandes multinacionales de la venta on line. Que el mercado evolucione y unos negocios mueran para que otros nazcan es ley de vida. Ni la melancolía, esa trilera tramposa que viste el pasado de una pátina de perfección a menudo ilusoria, ni el romanticismo tienen cabida en la ley del más fuerte que rige el capitalismo. Y esta tendencia de la desaparición de negocios locales en pro de empresas globalizadas es imparable. Comprar desde casa, sin atenerte a horarios, en un mundo laboral que nos ha dejado el tiempo justo para poner lavadoras y sacar táperes a descongelar, es un punto imbatible. Sin embargo, esto nos debe hacer reflexionar. Porque esta tendencia no sólo va a afectar a los negocios en los que somos clientes. También va a afectar en los negocios en los que somos trabajadores. Porque el cliente y el trabajador son la misma persona con diferente ropa y a diferente hora. Y en nuestro trabajo también llegará el momento en el que nuestra empresa local sea desbancada del mercado por una empresa global, a menudo con peores condiciones laborales o con teletrabajadores a diez mil kilómetros de distancia trabajando por un salario ínfimo con el que no puedes competir. No es cuestión de dar la espalda al avance, que no siempre es progreso. Pero no pienses que las consecuencias negativas de esos avances no te van a salpicar a ti. A este ritmo, todos acabaremos siendo juguetes rotos.

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