Opinión | En corto
Ritual del dogmático
El dogmatismo, independientemente de su índole, actúa como incubadora de la violencia al fomentar la imposición y el rechazo a la complejidad
Cualquier dogmatismo crea las condiciones para la violencia, es su incubadora. No digo que la incube siempre, eso dependerá también de otros factores. Da igual que el dogma sea filosófico, político, moral, religioso o incluso estético. En general el dogmático -un simplificador, que odia la complejidad que acarrea la diferencia de credos, ideas, personas- se expresa con energía y contundencia (he conocido pocos dogmáticos que no lo acaben haciendo). Es decir, golpea con la palabra, trata de imponerse ya en la fonación. No es que no pueda contenerse, es que no quiere, en la estética del dogma está la palabra y el gesto impositivo. El siguiente paso es el insulto, la palabra como violencia. Y antes o después el verbo se hace carne, el cuerpo se mueve de su sitio para invadir el del antagonista. Un ritual mil veces repetido, que conviene contener sin contemplaciones en las primeras fases.
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