Opinión | Tribuna
Forjar un futuro de paz desde el Periodismo
En la responsabilidad social del periodismo recae la enorme tarea y obligación de propiciar iniciativas de diálogo y procesos de reconciliación, apostando por soluciones posibles y dando voz a las víctimas, especialmente a las civiles

Familiares y compañeros de la periodista libanesa Amal Khalil lloran su muerte. / Xinhua News
Desde el año 1994, cada 3 de mayo, se conmemora en todo el mundo el Día de la Libertad de Prensa, instaurado por la Unesco para evaluar su fortaleza y recordar a los gobiernos que debe respetarla y potenciarla para construir sociedades más justas e igualitarias. Se trata de involucrar a toda la ciudadanía en la defensa de su derecho a estar informada, un objetivo que ha recobrado extrema importancia en los últimos tiempos, dada su creciente devaluación y vulneración, al igual que también sucede con el resto de los derechos humanos.
En el contexto actual, el lema elegido por la Unesco para 2026 no podía ser otro: ‘Forjar un futuro de paz’, donde la libertad de prensa y el buen periodismo deben ser actores principales. Por si solos, no pueden crear la paz, pero sí contribuir a forjarla reduciendo la ignorancia, frenando la manipulación y la desinformación y exigiendo responsabilidades.
La violencia, como sostenía el sociólogo noruego Johan Galtung, está integrada en estructuras sociales injustas, como la pobreza y la desigualdad, y legitimada muchas veces por las ideologías, por la cultura y por la religión. Por ello, hay que rescatar la fuerza del periodismo como mediador, ya que precisamente en la mediación donde Galtung deposita el poder para transformar conflictos de manera pacífica, mediante la creatividad, la empatía y la no violencia.
El periodismo de paz no puede cubrir sólo los actos violentos ni caer en simplificaciones como «buenos y malos». Este periodismo es el que explica las causas profundas que generan los conflictos, el que incluye contexto para ayudar a reducir la manipulación y el odio. En la responsabilidad social del periodismo recae la enorme tarea y obligación de propiciar iniciativas de diálogo y procesos de reconciliación, apostando por soluciones posibles y dando voz a las víctimas, especialmente a las civiles.
Visibilizar el sufrimiento humano contribuye a generar empatía y presión social para detener la violencia. Por ello, el periodismo de paz tiene que ser puente y nunca cañón, debe evitar prejuicios y estereotipos, huir de la presión política y de la propaganda y fomentar una opinión pública más crítica pero no polarizada.
El Día Mundial de la Libertad de prensa también lo empleamos los profesionales del periodismo y la comunicación para rendir homenaje a los compañeros y compañeras que han perdido la vida o han sido privados de la libertad en el ejercicio de su labor informativa. Los conflictos graves se jalonan por todo el mundo, pero son especialmente crueles para su integridad las consecuencias de la situación en Oriente Próximo.
Hace sólo unos días, a pesar del alto el fuego en el Líbano, caía asesinada la periodista Amal Khalil, atrapada en un edificio atacado por los bombarderos israelíes, sin que se permitiera llegar ayuda humanitaria con el fin de salvarla. En los dos últimos años Israel ha asesinado a 260 periodistas en Gaza, Líbano, Yemen e Irán. Así, han convertido 2024 y 2025 en los años más letales para el periodismo desde que en 1992 se comenzaron a documentar los casos, según la denuncia del Comité para la Protección de los Periodistas. Ante tanta impunidad, es necesario alzar la voz con rotundidad, una vez más, para exigir el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario y facilitar la enorme labor que se encomienda al Periodismo para forjar la paz.
La libertad de prensa se defiende cuando garantizamos la integridad física de los profesionales, pero también al lograr revertir la precariedad laboral estructural que les afecta, marcada por salarios insuficientes y el crecimiento de figuras contractuales fraudulentas, como los fasos autónomos. Una casuística que no se da en los países de nuestro entorno y que conlleva una cobertura social insuficiente de los profesionales, con impacto directo en la calidad e independencia del periodismo. El mercado laboral se ha transformado, pero opera con herramientas pensadas para un modelo obsoleto que ya no es mayoritario.
Este deterioro queda reflejado en el último informe de Reporteros Sin Fronteras, en el que España ha descendido seis puestos en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. El estudio señala como factores clave la precariedad, la polarización y el aumento de ataques y discursos hostiles hacia los medios.
Las asociaciones de la prensa, representadas por la FAPE, debemos ser agentes activos en la mejora de las condiciones laborales de los y las periodistas, ya sea impulsando medidas de apoyo directo o reivindicando cambios legislativos que eviten relaciones laborales encubiertas, acerquen la situación laboral del sector a estándares europeos y contribuyan a recuperar el reconocimiento político y social que debe tener esta profesión.
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