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Opinión | Tribuna

La distopía tecnológica norteamericana

Desde que Fitz Lang previó en 1927 en su película ‘Metrópolis’ que los pobres de 2026 serían esclavizados por la tecnología, el cine ha ficcionado diferentes versiones de la distopía

El Presidente de EE.UU., Donald Trump.

El Presidente de EE.UU., Donald Trump. / JIM LO SCALZO / POOL / EFE

Desde que Fitz Lang previó en 1927 en su película ‘Metrópolis’ que los pobres de 2026 serían esclavizados por la tecnología, el cine ha ficcionado diferentes versiones de la distopía. ‘Matrix’ es la tiranía de las máquinas que se nutren de la energía del cuerpo humano; ‘Terminator’, un mundo dominado por una IA militarizada y genocida y ‘Blade Runner’ la obra maestra. Pero ahora son los americanos.

Los más peligrosos son Peter Thiel y su exsocio Alexander Karp, fundadores de Palantir. Nombre copiado del universo Tolkien en el que la bola de cristal vigilaba y visionaba un futuro devastador de la Tierra Media. Premonitorio y muy actual. Se centran en el análisis de datos y el desarrollo de aplicaciones de software de inteligencia y militares. Los utilizan la CIA, el ICE y el Pentágono.

El software de Palantir, Immigration OS, sirve al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU para rastrear y deportar inmigrantes indocumentados a los que el ICE se refiere como «los peores de los peores». Obtuvieron el contrato sin concurso público porque el ICE alegó que «Palantir es la única fuente que puede proporcionar las capacidades requeridas sin causar retrasos inaceptables». ¿Los resultados?: el 70 por ciento de los detenidos no tienen antecedentes penales, 29 murieron estando en custodia y dos americanos fueron asesinados pública e impunemente.

Las FDI israelitas utilizaron su software para seleccionar objetivos en Gaza: unos 150.000 civiles inocentes masacrados, sin contar a los asesinos y terroristas de Hamás, según cálculos de la ONU y el estudio de la prestigiosa revista The Lancet. Su otro sistema, Maven Smart System, sirvió para la exfiltración de Maduro y la selección de objetivos en los recientes ataques a Irán.

Karp está tan bien formado como desequilibrado. En 2025 escribió ‘The Technological Republic’ en el que comparte con Thiel la frustración por lo que llaman la deriva woke de Silicon Valley y los universitarios norteamericanos. Considera que EE UU ha renunciado a su hegemonía como potencia militar por culpa de la excesiva regulación gubernamental y critica que sus ingenieros dediquen recursos y tiempo a «la búsqueda de productos de consumo triviales». Se refiere a los que nos facilitan la vida. Pretenden crear una corporación tecnológica que vacíe de poder al estado y lo sustituya por el de unos pocos individuos que gobiernen el mundo, destruyendo la democracia. Karp, naturalmente, es partidario incondicional de Israel y de Netanyahu, al que Palantir ha facilitado el genocidio de Gaza que siguen perfeccionando mientras estamos preocupados con el precio de la energía y la apertura del estrecho de Ormuz.

Peter Thiel, por su parte, defiende que la democracia es incompatible con la libertad. El pasado marzo dio un seminario secreto, carísimo y exclusivo sobre el Anticristo, que le tiene obsesionado. Lo identifica, entre otros, con Greta Thunberg. El vicepresidente de los EE UU, JD Vance, es uno de sus más fanáticos seguidores. Antiguamente los hubieran encerrado en un psiquiátrico. Hoy dominan el mundo.

Karp, días después del aquelarre demoniaco, publicó un manifiesto de 22 puntos en la red social X defendiendo una visión de EEUU gobernado por supremacistas blancos y una IA que usaría los recursos de Silicon Valley, exclusivamente, para fabricar armas inteligentes, herramientas de vigilancia, identificación y eliminación. A esta pesadilla la llama «tecnofeudalismo».

Lo preocupante no es que lo expliciten abiertamente sin que el mundo reaccione, sino que diferentes bancos de inversión se hayan sumado al proyecto invirtiendo cantidades ingentes de dólares. Suena a chaladura, pero no lo es. Es el futuro, da mucho canguelo y quería compartirlo con ustedes porque después de los EEUU, Europa es la segunda fase. Para escapar de esto no sirve lo de comprarse una casa en Asturias. Hay que hacer apostolado y divulgar la palabra.

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