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Opinión | EL JUGADOR NÚMERO 13

Cuestión de tiempos

Que se haya vivido una bonanza y una racha de resultados que se va a quedar mucho tiempo en la historia cajista, no esconde un declive del grupo partícipe de los éxitos anteriores

Joventut - Unicaja, en imágenes

Joventut - Unicaja, en imágenes / ACBPHOTOS / LMA

Cuando llega el momento más importante de la temporada 2025-26 para el Unicaja, nos encontramos que el grupo que dirige Ibon Navarro está en el peor estado desde la temporada 2021/22, año de la llegada del entrenador alavés, y el momento más bajo del club en la memoria reciente.

Que se haya vivido una bonanza y una racha de resultados que se va a quedar mucho tiempo en la historia cajista, no esconde un declive del grupo partícipe de los éxitos anteriores, y que en parte tiene señalado el final de su estancia en Málaga casi con toda seguridad.

Es absolutamente extensible a casi cualquier estamento del club, poner en duda la actuación que se vive este curso, por no hablar que los hay que dudan hasta de la capacidad para estar cada uno en su puesto. Nada nuevo en la temporada de un equipo, nada que no se haya visto anteriormente. Porque tras los triunfos en los que se aplaude, las derrotas traen las censuras.

Siendo todo esto cierto y esperado, lo que vemos ahora es un equipo que está a la deriva. El rato vivido el sábado, con el esperpento del marcador que la mejor liga nacional de Europa sufrió en el Joventut-Unicaja, fue algo inaudito e inesperado para todos. Pero lo que nos importa, los veinte minutos jugados fue el repetir lo visto demasiadas veces esta temporada, algo a demasiada distancia de lo esperado y de lo trabajado.

Los catalanes cogieron el muestrario de los fallos del Unicaja de este año. Con un aire de equipo que parece estar más en pretemporada que en el momento importante del curso cara a clasificación y a jugarse el título más accesible que viene, la Penya hizo daño en todos los sitios: que si las caídas del jugador interior al centro de la zona y que no llegue la ayuda, o que llegue mal, que si la defensa del bloqueo directo en cabecera de la zona permitiendo tiros o penetraciones según prefiera el atacante, que si rotación a cámara lenta para no llegar correctamente a las esquinas y no tapar tiros liberados de un rival que metió el doble de canastas triples lanzando cuatro veces menos que Unicaja...

Vale que los de Daniel Miret con su 71,4% fulminaba su porcentaje habitual, 32,3%, el segundo peor de la ACB, pero Unicaja, con su 27,8% del sábado echaba de menos el 36,3% de promedio.

Junto a lo que ya nos sabemos, se vio otra gran cantidad de ingredientes que hacen de esta versión de los malagueños una tortura: falta de energía, capacidad de reacción siempre expectantes y temerosos a ver lo que hace el rival, inconsistencia, falta de regularidad... Y lo peor, sensación de haberse acabado esto incluso antes de saber qué podía dar este grupo de sí.

Que hubiera dudas tras el cambio experimentado en el plantel, todos salvo en el caso de Melvin Ejim de manera voluntaria, era lógico. Se confiaba en la base, pero tras ver que el paso de los que se quedaron no ha sido lo amplio que se necesitaba, y que las llegadas, ya sean antes de empezar, o con la competición en marcha, no cubren las expectativas, el problema está servido. Y como viene en el manual estándar, no nos vale con centrarnos en los jugadores, el siguiente paso es el banquillo, la dirección deportiva y también la presidencia, ¿por qué parar?

Lo cierto es que ante la posibilidad de cerrar un título en dos partidos esta misma semana, tener una mínima esperanza es casi una entelequia. Y no porque los rivales que se encuentran en el camino sean campeones de conferencia en la NBA, sino porque esta versión 2025-26 del Unicaja se ha encargado de dejar claro que cualquier contrario puede cumplir todos sus sueños frente a los de Ibon Navarro.

No tengo duda alguna sobre la capacidad de trabajo de ningún miembro, sea de la plantilla, como del cuerpo técnico o de los directivos responsables del equipo, pero la cosa no va. Y aunque creo que dos triunfos en Badalona tampoco arreglan lo visto hasta ahora, se me antoja lo mínimo, ya sea por recurrir a algo tan etéreo como el amor propio, sobre todo en un grupo que parece tan poco compacto como se adivina al Unicaja actual.

Dando como derrota el partido del Joventut (no lo veo un vaticinio muy arriesgado con 53-33 en veinte minutos), de los últimos diez partidos, el equipo sólo ha ganado en tres ocasiones: los dos partidos ante el ALBA alemán y el del Hiopos Lleida. Y no es porque los rivales fueran de rendimiento sideral, sino que el concepto «hemos sido peores que ellos» está instalado en el idioma oficial de esta temporada.

Si anteriormente se podían perdonar desconexiones como el menos cuarenta de la temporada pasada en Manresa, este año, esa incomparecencia, bajada de brazos o rendición incondicional aparece demasiadas veces.

Los dos partidos ante La Laguna Tenerife (95-79 y 70-95), el de Andorra (98-74), el de Lugo (98-82), el del Real Madrid en Copa del Rey (100-70), el del Bilbao (90-74), el del Granada (83-71) y la mitad de Badalona (53-33), además del jugado ante Gran Canaria (100-101), no cabrean al personal por perder, sino por la forma en la que se hace. Casualmente, menos el de la visita al Covirán Granada, todos con 90 o más puntos encajados, algo que suele intercambiarse por lo de más posesiones y todo eso de correr más, pero que aquí pierde un mínimo de validez, no se está y ahí acaba todo.

El cambio de discurso visto hace poco, en figuras cruciales como Ibon Navarro, Juanma Rodríguez o Antonio Jesús López Nieto está claro que tiene unos tiempos que no cuadran porque los resultados no mejoran. Y en estos casos, pedir paciencia es un absurdo, mucho más cuándo si hay una mínima posibilidad de no dar por perdida la totalidad de la temporada pasa por ver una reacción del equipo hace ya tiempo.

Pase lo que pase hasta el final de la temporada, el cambio será profundo. De los quince jugadores de la plantilla, seis terminan estancia, pero casi todas las apuestas van por más cambios para el año próximo, dónde el entrenador tiene asegurada su continuidad al menos contractualmente, aunque ya se ha filtrado que desde el club se busca ampliar la duración, confirmándose que la confianza va de algo más que de una declaración a los medios.

Lo cierto es que con la obligatoriedad de ganar la BCL o meterse en play off para no pasar por el compromiso de una previa de la competición continental, o terminar en el pozo ignorado de la FIBA Europe Cup, tal vez lo que peor me viene a la memoria es lo similar con el año 2021-22, donde se esperó siempre una reacción que no llegó, no por falta de aptitud, sino por actitud. Y eso sí que da miedo por lo innegociable.

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