Opinión | El desliz
Del barracón a la excelencia

Del barracón a la excelencia. / Elisa Martínez
La próxima historia inspiradora contará la peripecia de un estudiante de Baleares que después de cursar su educación primaria y secundaria pública en barracones, conocidos en jerga política como aulas modulares, logró unas calificaciones tan altas que fue seleccionado para el restrictivo y elitista bachillerato de excelencia. Dicho trampolín le preparó para acceder a la facultad de Medicina, y tras un MIR competidísimo se hizo con una de las codiciadas plazas de especialización en Dermatología. Con él subirá al escenario otro joven procedente de una sobrepoblada localidad cercana a Barcelona cuyo relato de superación arrancará todavía más lágrimas. Fue interceptado en el baño de su instituto, donde acostumbraba a esconderse para vapear, por un mosso d’esquadra de paisano, que le mandó de vuelta al aula. La experiencia le marcó tan profundamente que consiguió la nota de selectividad más alta de su provincia y se inscribió en Medicina, carrera que acabó entre los mejores de su promoción. Con una de las más altas calificaciones de MIR del año, hoy cumple su sueño de especializarse en Dermatología. Ambos coinciden en la necesidad de crear Universidades Especiales para Alumnos de Notable para Abajo en las que formar a los médicos de familia del futuro, pues no parece factible a medio plazo la posibilidad de que se mejoren las condiciones laborales de estos profesionales para hacer atractivo su desempeño; los centros de salud podrían quedarse sin personal que remita enfermos a sus consultas.
Las soluciones creativas para la Educación que estamos conociendo últimamente a derecha e izquierda del espectro político parecen encaminadas a barrer los escombros bajo la alfombra. A las continuas noticias sobre dificultades de convivencia, abandono escolar y bajo rendimiento de los alumnos de las islas, así como al hecho de que cientos de ellos estudien en los 159 barracones vergonzosamente existentes de los centros públicos, el Govern ha contestado con la creación de un bachillerato de excelencia en el que formar a los mejores expedientes y para el que construirá un instituto especial. No es una idea original, la han copiado de su musa, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, especialista en regar con dinero del contribuyente los jardines privados, así en sanidad como en enseñanza. El presupuesto que el gobierno PP/Vox no tiene para ampliar los colegios saturados y edificar nuevos, mejorar la financiación universitaria, incrementar las becas para las familias asfixiadas y atender las demandas del profesorado se lo gasta en incentivar el clasismo y atender a una minoría que se las apaña perfectamente sola.
Otra ocurrencia, la Generalitat ha decidido infiltrar mossos de paisano en los institutos que lo demanden, que son según dicen, los que sufren habituales situaciones de conflicto. Solo en un telefilme de la hora de la siesta podría salir bien semejante solución, cambiar psicólogos y actividades de repaso por policías y mermar la autoridad de los profesores. Lejos de etiquetar a los mejores como en Baleares, en Catalunya se señala a los peores. En ambos casos, se transitan caminos alternativos para evitar la fórmula más cabal, simple e igualitaria: hay que dedicar una parte mayor del presupuesto a la formación de las generaciones venideras, invirtiendo en infraestructuras y contratando más personal. Un remedio poco epatante que les provoca sarpullido. Pero no preocuparse, será por dermatólogos.
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