Opinión | Tribuna
Sin puntos cardinales
El mandatario estadounidense ha sido objeto de un tercer intento de asesinato, lo que genera preocupación ante la posibilidad de un futuro atentado exitoso

Trump ha sufrido tres intentos de asesinato. / Aaron Schwartz
Es la tercera vez que un hombre blanco intenta asesinar al presidente Trump e imagino que, hasta él, que se cree todopoderoso e invencible, tendrá un cierto temor a que el cuarto intento pueda ser el que acabe con su vida y eso es algo que nadie desea. Porque la violencia es, sin duda, el peor lugar en el que se puede vivir y, como afirman los que de verdad son sabios y son muy pocos, «prefiero la paz a la razón», y así huir de la violencia, que indudablemente genera más y más violencia.
Y cuando en su estallido roza la locura todo es susceptible de hacer pum y Trump, desgraciadamente, ha ido ensanchando y engordando esa violencia tanto dentro de su país como fuera del mismo y son muchos los americanos que han dejado de creer en él y siempre hay un loco dispuesto a levantar un arma para acabar con la vida del presidente, algo que desgraciadamente ya hemos visto en otras ocasiones, tanto en América, como en otros países del mundo.
Nada justifica el asesinato de una persona, nada, sea en América o sea en Gaza, sea en Irán o en Libia. Y por eso es preciso que comience la desescalada de muchas actitudes, mensajes y decisiones políticas, porque todas las vidas son preciadas y preciosas, y tal y como algunos están escribiendo nuestra propia historia, la muerte terminará por imponerse sin que ninguna sonrisa pueda detenerla.
Dijo Trump en su campaña electoral, y antes de ser elegido nuevamente presidente de los Estados Unidos, que terminaría con todas las guerras y, sin embargo, lo que ha hecho ha sido avivar el genocidio en Gaza, declarar una guerra junto a Israel a Irán y cerrar los ojos ante el conflicto que sigue vivo entre Rusia y Ucrania. Sin duda toda una declaración de paz mientras sus agentes de seguridad perseguían y expulsaban inmigrantes, torturaban sicológicamente a niños al separarlos de sus padres y asesinaban antes los ojos incrédulos del mundo que veía morir a una madre que esa mañana había preparado el almuerzo a su hija o a aquel hombre que cayó con valor y sin entender qué estaba pasando y por qué a él.
Hay demasiada sangre a nuestro alrededor, demasiado odio y una razón que se impone porque algunos se aferran a sí mismos y a su ideología de destrucción, en la que ni siquiera tienen cabida los puntos cardinales que cuando éramos niños nos enseñaban dónde estaba el sol, dónde el frío y dónde se cerraba la noche para acunarnos.
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