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Opinión | Tribuna

Miquel Barceló Roca

El sector de la salud y el bienestar

El estilo de vida moderno, con sedentarismo y dieta inadecuada, incrementa los costes sanitarios y la presión asistencial en los sistemas de salud

El ejercicio moderado reduce de forma drástica el riesgo cardiovascular.

El ejercicio moderado reduce de forma drástica el riesgo cardiovascular. / l.o.

Durante el último siglo la salud en buena parte del mundo ha vivido una profunda transformación. Muchas enfermedades que antes eran una amenaza grave se pueden controlar hoy. Este progreso es fruto sobre todo de la investigación científica y del desarrollo de medicamentos que han cambiado la historia de la medicina moderna.

En Europa, este avance se ha visto reforzado por los sistemas nacionales de salud, que han garantizado un acceso universal a los tratamientos. Las campañas de vacunación, el seguimiento de enfermedades crónicas y los servicios de urgencia disponibles para toda la población han posibilitado un gran incremento de la esperanza de vida como un derecho compartido.

Sin embargo, este modelo de éxito muestra hoy signos de fatiga. Los sistemas sanitarios acumulan listas de espera, sufren carencia de profesionales y afrontan una presión asistencial creciente. Los costes vinculados a las enfermedades crónicas se han disparado, sobre todo en relación con patologías debidas al estilo de vida: sedentarismo, dieta inadecuada, estrés crónico o falta de descanso.

Esto ha reabierto un debate imprescindible: el valor de los hábitos saludables como pilar del bienestar. Diversos estudios indican que hasta un 70% de las enfermedades más frecuentes podrían prevenirse con sencillos cambios de hábitos en el día a día. Andar media hora al día, comer más fruta y verdura, reducir alimentos procesados, dormir entre siete y ocho horas o mantener una vida social e intelectual activa son acciones asequibles con un impacto muy importante. Son, en definitiva, «tratamientos» que dependen más de los hábitos que de los hospitales.

El ejercicio moderado reduce de forma drástica el riesgo cardiovascular; una alimentación equilibrada ayuda a controlar el peso y el azúcar en sangre; el descanso adecuado mejora la salud emocional, y mantener la mente activa es clave para prevenir el deterioro cognitivo. La suma de estas acciones tiene un potencial preventivo mucho mayor de lo que a menudo se imagina.

Por eso, el reto actual no es sólo mejorar el sistema sanitario, sino reequilibrar el modelo de salud. La medicina de precisión, los nuevos medicamentos y la tecnología siguen siendo esenciales, pero deben ir de la mano de una apuesta decidida por fomentar unos estilos de vida más sanos, para asegurar la sostenibilidad futura del sistema de salud pública.

Este cambio de mirada coincide con la expansión económica del sector saludable. El crecimiento de la actividad deportiva, de los productos alimenticios saludables, de los programas de bienestar emocional y de los servicios de envejecimiento activo confirma una tendencia imparable. El bienestar se ha convertido en un motor económico con oportunidades de innovación y empleo.

El sector de las actividades deportivas, que incluye actividades y tecnología deportiva, turismo, equipamiento etc, mueve actualmente unos 2,7 billones de dólares ($2,7T) a escala mundial, con un crecimiento anual medio del 5% según datos del Global Wellness Institute (GWI).

El sector de la alimentación saludable es uno de los de mayor crecimiento: representa más de 1,2 billones de euros a nivel global, con un aumento anual del 7%, impulsado por la demanda de productos naturales, ecológicos y de proximidad.

La conocida como silver economy, vinculada al envejecimiento activo de la población, genera cerca de 5,7 billones de euros en Europa, con un crecimiento anual del 5%, según la UE. Este segmento, que incluye salud, turismo, vivienda adaptada y actividades de ocio, se prevé que sea una de las principales fuentes de puestos de trabajo de la próxima década.

A nivel local, en Málaga destacan iniciativas como el papel de hospitales de referencia como el Hospital Regional Universitario de Málaga y el Hospital Universitario Virgen de la Victoria, que lideran tanto la atención sanitaria como proyectos de investigación e innovación. A ello se suma el dinamismo del Parque Tecnológico de Andalucía, que actúa como polo de atracción para empresas tecnológicas y startups vinculadas a la salud digital y el bienestar. Asimismo, la Universidad de Málaga desempeña un papel clave en la generación de talento y conocimiento, colaborando estrechamente con centros tecnológicos y el tejido empresarial. Este entorno se ve reforzado por iniciativas en ámbitos como la actividad física, la nutrición y el envejecimiento activo, que, en conjunto, están configurando un ecosistema local cada vez más sólido en torno a la salud y el bienestar.

Las actividades vinculadas al bienestar no sólo mejoran la calidad de vida individual, sino que representan una oportunidad única para el desarrollo económico y la generación de nuevos puestos de trabajo en todos los niveles. Invertir en salud y bienestar ya no es sólo cuestión médica, es también una estrategia económica de país.

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