Opinión | De lo que hablamos los jóvenes
La privatización de los afectos
Se propone normalizar gestos de afecto como los besos entre amigas para reconocer la intimidad y el cuidado en relaciones no románticas

La intimidad en sí misma es revolucionaria. / l.o.
A veces pienso en el término ‘amor de mi vida’ y me siento extraña. ¿Cómo poner el peso de una complementariedad total en un otro? ¿Cómo, en palabras de Sara Torres, apoyar el relato del amor total, validarlo como único relato del amor posible? Si estamos rodeados de distintas formas de amor y todos nos aportan algo importante y necesario ¿cómo? ¿Cómo desvincularnos de los amigos y los hermanos en pos de invertir el poco tiempo que tenemos para cuidar los vínculos a favor de un único amor de la vida?
Nos rodea un gran sistema que nos dice a quién y cómo amar y, por ende, a quién y cómo cuidar. La jerarquización de unos afectos sobre otros viene dada por este sistema, que ensalza una única forma de relación como superior frente a otras. Se determina que una relación de pareja tiene más derecho a ser cuidada que otras, y con cuidar me refiero observar y asistir al vínculo. Es decir, atender a las necesidades de la propia relación, independientemente del tipo de relación. Tal y como lo entendemos, la pareja es la beneficiaria principal de nuestros afectos y los que damos a los demás deben pasar por su juicio.
¿O acaso no sobreentendemos que el más mínimo contacto físico conlleva una relación romántica? ¿Acaso no sobreentendemos que una caricia o un beso lo conllevan? Propongo besar a nuestras amigas, una forma de demostrar amor tan sólo permitida a la maternidad y a la pareja. ¿Por qué no hacerlo si esa forma concreta de amar nos cuida, si el tacto nos permite ser íntimas (sin necesidad de cumplir otros requisitos, como el romanticismo o lo sexual)? La intimidad en sí misma es revolucionaria.
Y con esto vuelvo al principio, para hablar del amor de una vida, una potencia en singular. Si bien distintos amores se viven con distintas intensidades, no podemos caer en la idea de que la intensidad es sinónimo de importancia. De nuevo, Sara Torres: «Nuestros vínculos pavimentan la realidad para poder atravesarla». Incluso una relación poco perceptible, como podría ser un compañero de trabajo, tiene mucho peso en nuestra vida. De no estar, pasaríamos gran parte del tiempo solos. Creo que realmente no nos damos cuenta de la importancia de cuidarnos.
A lo que quiero llegar es a que tengamos presentes a todos los amores de nuestra vida, sean quienes sean. Que exista la posibilidad de poner sobre la mesa que deseamos cuidar las relaciones con otros de manera igualitaria, que todos tengan el mismo derecho a ser cuidados (si bien no necesariamente se requieran los mismos cuidados), permitir la intimidad de manera orgánica y repartir los afectos.
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