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Opinión | Punto final

El Mundial y sus riesgos: cerrado por fútbol

Mikel Merino celebra uno de sus dos goles en el partido de clasificación para el Mundial 2026 ante Bulgaria en Zorrilla

Mikel Merino celebra uno de sus dos goles en el partido de clasificación para el Mundial 2026 ante Bulgaria en Zorrilla / R. García / EFE

«Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: ‘Cerrado por fútbol». Al escritor uruguayo Eduardo Galeano, que durante unos años vivió en Calella (Barcelona), no le costaba demasiado reconocer que el fútbol le apasionaba.

Frente a la idea establecida en su gremio -los escritores e intelectuales solían despreciar al fútbol y a sus aficionados, y aún hay quien lo sigue haciendo-, Galeano admitía que su primer arrebato vital tuvo que ver con la pelota.

«Quiero confesar que quise ser jugador de fútbol. No nací queriendo ser escritor, nací como todos los bebés uruguayos gritando gol». Pero tenía la «pata de palo», por eso se dedicó a las letras.

Lo que sentía Galeano en los días previos a un Mundial es lo que sienten millones de personas en todo el mundo. Ni siquiera los Juegos Olímpicos, la mayor manifestación deportiva del mundo, concentran tantas pasiones: uno se acerca a los JJOO con más ‘seny’ que ‘rauxa’, mientras que en el Mundial, por lo general, sucede al revés.

Ilusión mundialista

La ilusión sigue intacta, por más que pasen los años, se sucedan los Mundiales y los partidos inolvidables sean la excepción, no la norma. Uno sabe perfectamente que esperar cuatro años para que durante un mes -cinco semanas en este caso-, 48 países luchen en el césped por la gloria mundial tiene algo de irracional, que se escapa al sentido común.

Pero como cada cuatro años, bienvenido sea el Mundial, por más que los más críticos con el fútbol de selecciones renieguen tanto de los partidos internacionales (curiosamente, reniegan cuando hay parones de la Liga, no tanto ahora que se acerca el Mundial).

Dicho esto, hay varios factores que convierten este Mundial en menos apetecible: la idea de ampliarlo a 48 equipos sonaba muy bien sobre el papel, pero cuando imagina un Irán-Nueva Zelanda a las tres de la madrugada, aparecen las dudas sobre si ha sido una buena idea o no aumentar la lista de participantes.

Calendario

Tampoco ayuda el calendario: muchos jugadores llegarán agotados, tocados o directamente lesionados para los primeros partidos. Es difícil encontrar un futbolista de primer nivel que llegue pletórico, en plenitud de facultades. Otros, caso de Fermín, directamente ni podrán competir, víctimas de un calendario especialmente cargado en todas las competiciones de clubes.

El mundo del fútbol (FIFA, UEFA, clubes, jugadores, etc) debería sentarse a una mesa y plantearse la posibilidad de reducir el número de partidos de Liga y de Champions. No es tan difícil: Ligas de 18 equipos y en Europa, más partidos de eliminatoria y menos de liguilla.

Finalmente, otro detalle hace que este Mundial genere dudas: el precio de las entradas. ¿En serio la FIFA puede permitirse el lujo de que se juegue en estadios medio vacíos?

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