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Opinión | Obituario

Alejandro González

Alejandro González

Redactor de información de municipios de la provincia de Málaga

Málaga

Te recordaremos siempre, Ignacio

Nos has dejado un vacío enorme a todos. Y sobre todo a Miguel junto a quien durante un cuarto de siglo has escrito las más emotivas páginas de la Semana Santa de Málaga. Esa que tanto querías, esa que vivías como buen cofrade todos los días del año, en un ejercicio cotidiano de compromiso y de fe

El pregonero de la Semana Santa de Málaga 2026, Ignacio Castillo en el Teatro Cervantes.

El pregonero de la Semana Santa de Málaga 2026, Ignacio Castillo en el Teatro Cervantes. / Álex Zea / LMA

Lo peor que le puede pasar a un periodista es quedarse sin palabras. Por más que miro el teclado no las encuentro para consolar tanto dolor por tu pérdida. Nos has dejado en penumbra, Ignacio, con tu marcha antes de tiempo. Porque no tocaba, aún no. Ya viste cómo dejaste ayer la redacción, hecha un mar de esa Málaga que tanto querías, pero de lágrimas, porque ya no volveremos a verte. Porque no volveremos a verte por la redacción con esa sonrisa socarrona, ese comentario con chispa, con ironía, con gran sentido del humor. Nos has dejado un vacío enorme a todos. Y sobre todo a Miguel junto a quien durante un cuarto de siglo has escrito las más emotivas páginas de la Semana Santa de Málaga. Esa que tanto querías, esa que vivías como buen cofrade todos los días del año, en un ejercicio cotidiano de compromiso y de fe. Testimonio de vida y de esperanza que nos alimentaba en silencio a quienes estábamos a tu lado. Esa misma que vivías con pasión. Sólo había que veros a los dos en la vía Claudia, junto a la Virgen de la Esperanza, en un éxtasis colectivo que los cofrades resumían en una sola frase: ¡qué bonita está Málaga!

Como decía Miguel, qué injusto ha sido el destino contigo, siempre poniéndote palos en las ruedas, siempre apretando un poco más para ponerte a prueba. Y las superaste todas, con creces. Digno discípulo de San Agustín (la hemeroteca guarda como una joya tu reportaje sobre los 50 años del Colegio Los Olivos y qué contento te pusiste cuando eligieron un papa agustino) en tu cofradía encontraste el amor de Lourdes y juntos hallasteis la Paz. Te entregaste a ellas como te entregaste Cautivo a tu Virgen de la Trinidad. Ellas tres eran tus razones de vida. Ellas te acompañaron a la hora de dirigir los destinos de tu cofradía, a la que dedicaste todas las horas que tenías e incluso las que no tenías. Y dejaste huella, como la dejaste en la redacción y en la Agrupación de Cofradías. Y vaya si la dejaste, que te nombraron pregonero de la Semana Santa de Málaga de este año. Sigo sin explicarme cómo fuiste capaz de escribir el pregón en el móvil.

Durante todos estos años nos enseñaste lo que son las antífonas, que malagueño es el pero y no la manzana, que las torrijas saben mejor si son de Aparicio, la importancia de una banda de cornetas y tambores, y grandes compositores como David Hurtado. Y el pregón lo bordaste; un pregón valiente, no un valiente pregón como temías. Un torbellino de sentimientos que te sacudía una y otra vez, una lección de catecismo que debería enseñarse en las escuelas y en las cofradías. Dando a cada uno lo suyo, con inteligencia, con elegancia y con fe, sin ofender a nadie pero con ese toque tuyo tan especial para no dejar títere con cabeza. Con esa capacidad de trabajo que has demostrado todos estos años, con sacrificio y tesón. Con una profesionalidad digna de la mejor escuela taurina. Porque así eras tú, brillante, honesto, locuaz, certero y comprometido con la verdad y con la fe. Decía San Agustín que cuando uno muere no se marcha para siempre, tan solo se va a la habitación de al lado donde ya no podemos verle, pero sigue ahí junto a nosotros. Sigue guiándonos desde ahí Ignacio, que nos hace mucha falta. Nosotros te recordaremos siempre.

Hoy el cielo ha amanecido triste, pero tu Málaga CF ganó ayer y tiene la oportunidad de volver a Primera División. Y Emilio sigue escribiendo a ver si tu Unicaja encuentra otro buen entrenador. Por cierto, al final no pudiste dedicarme el pregón. Ya me lo firmarás la próxima vez que nos veamos. Hasta siempre.

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