Opinión | Crítica musical
Broche de contrastes e incertidumbres
La Filarmónica de Málaga cierra su temporada de abono con un programa que contrapone la escuela rusa y la alemana, con Tchaikovsky y R. Strauss

Ensayo de la Orquesta Filarmónica de Málaga en el Cervantes. / l.o.
Málaga, 18-06-2026
Teatro Cervantes
Solista: Guillermo Ramírez, piano.
Dirección: José María Moreno.
Programa: Concierto para piano y orquesta nº 1 en Si bemol menor, Op. 23, de P. I. Tchaikovsky y Suite “El Caballero de la Rosa”, Op. 59 de R. Strauss
La Filarmónica de Málaga, con su titular al frente, José María Moreno, abordó este pasado jueves y viernes el último programa de la 36ª Temporada de Abono de la orquesta. En atriles, dos grandes escuelas, la rusa y la alemana, en un juego de espejos y formas contrapuestas de entender la música: por un lado, el genio de Tchaikovsky, quien toma una melodía popular para insertarla en una arquitectura tan orgánica como es el concierto romántico; por otro, una ficción inventada a través del vals para recrear el esplendor de la Viena del setecientos, como es El caballero de la rosa de R. Strauss.
Previo al comienzo de este último abono, tomó la palabra el maestro titular, no solo para dar algunas pinceladas del concierto —dada la incomprensible ausencia de un programa de mano, un elemento ya de por sí esquemático antes de su total desaparición—, sino para abordar lo que quizás más inquietud despierta: el hecho de que aún no se conozca la programación de la próxima temporada, algo insólito e inadmisible que se califica por sí solo.
No obstante, debemos reconocer el gesto del maestro Moreno al adelantar, sin corresponderle según nuestro criterio, explicaciones que deberían ser dadas por el propio presidente del consejo de administración, más preocupado en silenciar y atemperar la grave crisis por la que está atravesando la orquesta y que está comprometiendo seriamente la viabilidad artística de la Filarmónica. Esta es una consecuencia más —alarmante, en nuestra opinión— que viene a ahondar en la crisis de reputación del conjunto ante la impasibilidad de sus gestores, protagonistas absolutos del fracaso en la selección de una nueva gerencia que está minando la credibilidad de la institución. Somos el hazmerreír nacional.
Este concierto de clausura propuso al aficionado una especie de paradoja donde lo popular aparece convertido en arte frente a lo artificioso transmutado en nostalgia creíble. No es de extrañar, así, la singularidad de ambas páginas, que vinieron a confluir en un programa intencionado como colofón de la temporada. La cita sirvió también de despedida a uno de los atriles de la orquesta, el violín de la profesora Daniela Basno, y supuso la presentación del pianista malagueño Guillermo Ramírez.
Se ofreció una lectura en ocasiones frágil de este Primer concierto para piano de Tchaikovsky; una obra que, en vida del músico, fue tachada de inasumible (Nikolai Rubinstein la calificó de impracticable, vulgar y mal escrita para el instrumento), pero que la madurez pianística terminó reconociendo como una de las páginas fundamentales del repertorio. En la versión leída por G. Ramírez y los profesores de la OFM, destacó la frialdad de unos momentos virtuosísticos distantes en el solo, mientras que el orgánico orquestal resultó atropellado en un conjunto donde no faltaron los descuadres y unas dinámicas carentes de oscilación.
