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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Noche de San Juan, melancolía y tonto al agua

Los fotógrafos sueñan con esa instantánea que retrata la playa llena de basura. Pero las brigadas entran como en Normandía. Lástima que luego no sigan hacia las calles...

Esa forma de paraíso llamada playa.

Esa forma de paraíso llamada playa. / ep

Tiene uno delante las normas que los ayuntamientos han dictado para la noche de San Juan. De Málaga a Palma de Mallorca, de Barcelona a Algeciras. Tarragona. Alicante. Noche de desparrame y arena en los bolsillos, magreos en la orilla y ron de tercera ingerido a chupitazos. La pareja veterana que va a mojarse los piececillos.

Los ayuntamientos hacen dos grandes esfuerzos para la noche de San Juan: prohibir cosas y limpiar la mierda. Los fotógrafos se relamen pensando en conseguir con las claras del día captar una playa desierta plagada de bolsas, basuras, botellas, restos de comida, envases. Pero cada vez tienen que madrugar más: los consistorios se esfuerzan en que su brigadas de limpieza entren pronto en las playas. Con una diligencia que ni en el desembarco de Normandía. La pena es que después de limpiar la playa, como en el caso de Málaga capital, esas brigadas no sigan y sigan y adecenten baldosas, frieguen suelos, limpien calzadas, eliminen mugre y dejen la ciudad limpita y dispuesta de nuevo para una nueva jornada de disfrute de los turistas, millonarios, emprendedores, teletrabajantes, viajantes de comercio y hasta nativos.

La noche de San Juan puede sorprenderte cualquier año y fabricarte un recuerdo que se te pegue a la piel y a la memoria para toda la vida. Qué estará haciendo ahora la sardina que dentro de un rato será pescada, más tarde espetada y luego ingerida por usted o su suegra en un cuidado restaurante de playa antaño llamado chiringuito. Y más antaño todavía, «merendero».

Todos tenemos el verano de nuestra vida si bien la vida es para muchos una sucesión de lunes. Peor sería tal vez que fuera una sucesión de domingos por la tarde. Incluso teniendo en cuenta que de cuando en cuando en tarde de domingo cae un partido de España en el Mundial y practicando el palomiterismo y el cerveceo logra uno esquivar esa melancolía estandarizadas, de Hacendado o marca blanca, que te entra solo de pensar que queda poco para el lunes. Para los que tienen ya cierta edad, en San Juan y durante el verano se hacían lo que denominábamos moragas, o sea, fiestas en la playa con una hoguerita, bebidas y un baño de madrugada en mar como boca de lobo, erizos y hasta coquinas enterradas en el primer palmo de la arena orillera. Ahora las moragas están prohibidas. Avanzamos en civilidad pero lo pasamos peor. Lástima que la mayoría de la gente entre tirar al agua al vestido al más tonto de la pandilla o una ordenanza municipal elijan una ordenanza municipal.

Un San Juan más, un San Juan menos. El mar seguirá al acecho. Nos enviará olas y el día después llegará inmisericorde. Convertirá mañana miércoles en un lunes. Pero eso es adelantar acontecimientos. Buena suerte esta noche.

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