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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Farolas y patinetes

Qué será del abrazafarolas al que a las puertas de su chalé no le han puesto, o le han quitado, la farola

Céntrica avenida.

Céntrica avenida. / Álex Zea

El otro día me encontré con un entrañable abrazafarolas al que no veía desde hacía años. Charlé un rato con él y me contó que se había mudado a un agradable barrio nuevo de chalecitos en el extrarradio, donde no obstante aún faltan ciertas infraestructuras. «Fíjate, no hay aún ni farolas», me dijo. Me quedé pensando. No es que Dios le dé paraguas a quién no lo necesita, es que le hurta lo que le es más necesario. El abrazafarolas ha prosperado en los negocios, y yo me alegro, y en parte lo ha hecho por abrazar tanto pero ahora cuando sale de casa ha de esperar un poco para abrazar. Con lo práctico que sería que tuviera una farola en la puerta o unos metros más allá o cerca de la parada del bus.

Los abrazafarolas tienen mala fama pero la verdad es que dan calorcito en invierno y si son elegantes, en verano, con el calor, solo amagan el abrazo. Hacen como una finta, como un abrazar el aire, como esos besos que se dan y no dan. Al final, sin querer te abanican y dan airecito con esos aspavientos. Está en agosto uno casi deseando encontrárselos.

Si no hubiera abrazafarolas no habría farolas, con lo molesto y oscuro que sería eso. Nadie le ha preguntado nunca a las farolas y por eso lo ignoramos o no lo sabemos, pero la verdad es que ellas seguro que se sienten reconfortadas si son abrazadas o celosas si por ejemplo el abrazo va para un buzón, para un policía local o para algún otro viandante. Incluso si va para un patinetero, en cuyo caso la farola teme, como cualquier honrado peatón, ser embestido, atropellado, herido. Ahora hay mayor requisito para conducir un patinete: seguro, casco, etc. pero la mayor parte de los que llevan uno se lo pasan por el forro. Encima, si circulan de noche, pretenden que las farolas los alumbren. Que los ilumine Dios mejor. Las farolas están para darnos cariño. En realidad todos hemos querido alguna vez abrazar a una. A falta de árboles. Por eso en ocasiones dejan de dar luz por un rato. Es la ocasión propicia para pegarles el abrazo y que la cosa quede en la intimidad. Entre los dos. Sin dar a luz.

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