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Opinión | En corto

El difícil arte de la triangulación

Empecé a jugar al fútbol en los partidos de mayores en el colegio (o sea, ya tarde, en la adolescencia). Como encima nadie me enseñó nunca lo hice bien, pero disfruté como en pocas cosas en la vida en aquel campo de tierra dura y pedregosa, jugando fuerte y tratando de imitar al que sabía. Los había expertos en regates, que a veces se emborrachaban de balón, enroscándose en él sin soltarlo, y también sabios en triangulaciones. Uno de estos, líder en el campo y fuera de el, había acuñado la frase «tuya, mía, cabecina, gol». Ahora la recuerdo muchas veces al ver moverse por el campo político a distintos actores, sin relación directa pero en los que uno bota la pelota a los pies de un jugador, que tras una breve carrera la pasa a otro, quien se la devuelve estando ya en posición de remate de cabeza y ¡gol!. No hay pizarra, no hay entrenador, solo un lema en 6 palabras. ¡Qué prodigio!

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