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Opinión | Tribuna

Los escombros del chavismo

La red hospitalaria colapsada y el personal sanitario en el exilio impiden atender a los miles de heridos, mientras medicamentos enviados por EEUU permanecen sin entregar

Imagen de voluntarios ayudando tras los terremotos de Venezuela.

Imagen de voluntarios ayudando tras los terremotos de Venezuela. / UNIVERSIDAD DE ALMERÍA

En la tarde de san Juan, un terremoto doble, ha derrumbado o dañado seriamente a cientos de edificios principalmente en Caracas y en su litoral, La Guaira. Los venezolanos han recibido un castigo inesperado y absolutamente inmerecido. Los vecinos se han puesto, a manos limpias, a retirar escombros para salvar las vidas que han podido. La presidenta provisional ha aparecido, unas tres horas después del hecho, para dar un pésame a las familias damnificadas. Pero han tardado en movilizar los recursos humanos, técnicos y mecánicos para presentarse a ayudar en los sitios devastados.

El grito de esos vecinos voluntarios es unánime: ¿dónde está el gobierno?, ¿dónde está la ayuda? Ni el gobierno chavista existe ni tiene capacidad de ayudar. Ni parece que les importe mucho. Esta banda que asaltó a Venezuela solo se ha esmerado en gobernar los recursos naturales para ellos mismos, olvidando a su propio pueblo, del que dicen ser representantes. Siendo Venezuela una zona sísmica con un historial de terremotos, el gobierno chavista no ha sido previsor para mantener equipados y alertas a los especialistas en estas catástrofes. Hoy, se estima que los fallecidos sean varios cientos de miles. Sobrevivir bajo los escombros no da demasiado margen.

En estos momentos aciagos, Venezuela se encuentra sin una red hospitalaria operativa. Sin insumos sanitarios suficientes para atender a la población en días normales, mucho menos ahora con miles de heridos acostados en el suelo de los estacionamientos exteriores de esos centros. Un 75%, al menos, del personal sanitario está en el exilio. Los medicamentos –71 toneladas– enviados en febrero por EEUU no han sido entregados a los hospitales por el Ministerio de Salud. El sistema está colapsado desde hace dos décadas.

La organización de Defensa Civil ha sido desmantelada sin una debida equipación y puesta al día para desastres naturales de este tipo. Son ellos, los que tienen que estar en primera línea, los que hemos visto son los vecinos más cercanos. Igual que los bomberos, que si llegan a los incendios –frecuentes en estos casos– no tienen agua ni presión en los hidrantes callejeros.

El desgobierno, la desinversión en todas las infraestructuras de este chavismo, inclemente con su pueblo, pero eficaz en el saqueo de Venezuela, ha cumplido casi 30 años de infamia. Al producir la tierra este doble y consecutivo terremoto se les ha caído la careta populista-progresista. Su incapacidad para hacer frente a esta tragedia natural los ha puesto en evidencia. Solo la esperanza de ayuda exterior –que está llegando: EEUU, España y países vecinos– mantiene la fe. Es sabido que bajo toneladas de escombros están sepultados vivos cientos de miles de personas. Cada hora que pasa es crucial para rescatarlos.

La imprevisión de este desgobierno chavista, desde Chávez a Delcy, es criminal. Han doblegado al pueblo, pero no totalmente. La prueba de solidaridad ciudadana de estos días ha sido ejemplar. Un bravo pueblo, como dice su himno nacional, ha sido el único presente en los primeros minutos. La fuerza civil no está desmantelada. Puede que, hartos de ser pacientes y maltratados, se levante una voz atronadora contra el régimen dictatorial, que ha abandonado a sus ciudadanos en estos minutos trágicos.

Hay que estar atentos a las maniobras del Rodrigato que podrían aprovechar este caos para ganar tiempo y pedir paciencia, mientras administran para su beneficio las ayudas que el mundo envíe. Estos, tras llorar con lágrimas falsas a los fallecidos y pasar el duelo, pueden armar una reconstrucción administrada por ellos, para posponer unas elecciones.

La intervención humanitaria se hace inaplazable. Tras un terremoto de estas dimensiones vendrá la reconstrucción de los servicios que están interrumpidos: luz, agua potable, alimentos y asistencia sanitaria. Ojalá este inmenso daño sea el espejo donde los chavistas se retraten en su inmenso fracaso como gobernantes.

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