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Opinión | Crónica política

Una España progresa y otra litiga

Una España progresa y otra litiga

Una España progresa y otra litiga

¡Cómo sería España con otra política menos cainita y con dirigentes que no quisieran politizar la Justicia; y, de paso, sin algunos jueces desbordando sus funciones! Una pena, porque el país va bien: mientras crece en un millón de habitantes por año, Italia decrece en el mismo número. Mientras los organismos internacionales reconocen nuestras mejores expectativas macroeconómicas, el Reino Unido admite que de diez indicadores esenciales, ni uno solo ha mejorado con el Brexit. Un fiasco de ‘independencia’. Les vendieron desde la xenofobia y el supremacismo que todo iría mejor sin la Unión Europea y sin inmigrantes y ahora suspiran por volver al club, mientras están sin gente suficiente para trabajar.

España va bien, desigualdades aparte agravadas por la crisis de la vivienda, y va a ir mejor en los próximos meses. La regularización de inmigrantes, tan contestada por la ultraderecha, aportará en el primer trimestre del año 2026 otros trescientos mil cotizantes nuevos a la Seguridad Social, que ya viene superando mes a mes el número de trabajadores registrados. La presencia de Carlos Cuerpo al frente de la economía española, con cargo de vicepresidente primero, ofrece garantías a empresarios e inversores. Todo es mejorable, pero anda bien en ese frente.

Lo malo es que cualquier perspectiva positiva se ensombrece por el desastre político: las sesiones parlamentarias son una simple competición de descalificaciones y no hay propuestas de avance, ni acuerdos mínimos para los Presupuestos, o cualquier otra ley fundamental. La responsabilidad exigida a los electos por la ciudadanía, no es atendida. Sólo se guardó silencio durante la visita del papa León XIV que pidió concordia y «tejer redes con alma». Tal como despegaba su avión, volvimos a los enfrentamientos. Francisco de Goya lo hubiera pintado con su mirada goyesca que, según el escritor Sergio del Molino, «es lo trágico de España, pesadumbre expresionista, fatalismo y estertor. El juicio a Koldl es goyesco», opina.

Pero lo más trascendente de esos juicios es la figura triunfal de Víctor de Aldama, comisionista, difusor de noticias falsas por denigrar, pero delincuente confeso que tuvo la consideración de delator y el doble premio otorgado por la judicatura: es el único que no irá a la cárcel y no tiene que devolver el dinero obtenido en esas actividades. Se queja de que debe pagar a Hacienda, mientras la prensa conservadora limpia su imagen calificándolo de «empresario».

La tensión parlamentaria, judicial y mediática de hoy recuerda los años 95 y 96 cuando el poder de Felipe González declinaba, asediado por casos judiciales y de corrupción. Basta decir que el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, se corrompió y huyó. En aquel tiempo, la ansiedad de José María Aznar por llegar a la Presidencia era incontenible. ¿Les suena? Trece años de gobierno felipista eran insoportables; ocho de Pedro Sánchez, enferma a una derecha que se siente expropiada del poder. «El gran problema es la deslegitimación de la democracia por quienes no aceptan sus resultados», ha escrito el profesor Manuel Castells. En esas estamos.

Con ese panorama de dos España, una que progresa porque trabaja, y otra que litiga, porque conspira, el problema inmediato será a quién puede votar el que quiera escapar de la polarización. Por si acaso, la abogada vallisoletana Miriam González, esposa de Nick Clegg, ex viceprimer ministro británico, ha creado un nuevo partido liberal para concurrir a las próximas legislativas. Vaya usted a saber a donde conduce ese experimento.

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