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Opinión | Málaga de un vistazo

La economía del enfado

La mayor fuente de riqueza de las redes sociales no es otra que la atención. Cuanto más tiempo pasa leyendo, comentando o compartiendo publicaciones, más ingresos obtiene la plataforma a través de la publicidad.

Por eso, ha surgido lo que podríamos llamar ‘la economía del enfado’: un sistema en el que la indignación y la polémica crean más interacción que los mensajes tranquilos o constructivos. En este contexto, no es raro hallar comentarios ofensivos, provocaciones o barbaridades diseñadas para hacer saltar a los demás. En algunos casos provienen de personas reales que, por desgracia, pueden seguir escondiéndose en la valentía anónima del teclado. Pero la mayoría proceden de cuentas automatizadas -los famosos bots- que esparcen crispación para crear discusiones interminables.

Los algoritmos de recomendación tampoco son neutrales. Aunque su objetivo declarado es mostrar contenido relevante para cada usuario, favorecen aquello que despierta reacciones intensas, porque esas publicaciones reciben más comentarios, respuestas y, por tanto, tiempo de visualización y dinero. El resultado es que la polémica monetiza más que el debate sereno. Así, incluso quienes intentan rebatir una falsedad o replicar educadamente a una provocación contribuyen, sin querer, a aumentar su difusión. Romper con esta dinámica exige un consumo consciente de las redes sociales. Antes de responder a un comentario ofensivo conviene preguntarse si merece la pena darle más visibilidad. Ignorar, bloquear o denunciar resulta más eficaz que entrar en una discusión que, en el fondo, solo beneficia al propio sistema que convierte tu indignación en su negocio.

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