Opinión | En corto
La maldición del rearme
El que estemos obligados a rearmarnos para hacernos cargo de nuestra propia defensa no debería traer como daño colateral un cambio en nuestro sistema de valores. La guerra es una maldición absoluta y el aumento del gasto bélico una desdicha que drenará recursos para mejorar la educación y la sanidad, crear una red de residencias y afrontar de una vez el coste de la dependencia. La guerra es un gigantesco negocio para el gran dinero, pues las fluctuaciones de la economía que provoca favorecen la especulación financiera (ahora mismo, con el abre-cierra de Ormuz), la industria de armamento dispara las ganancias, debido a que la imperiosidad de la demanda y el secreto impiden la competencia, y, en fin, toda postguerra induce un fabuloso negocio de reconstrucción. Que no nos quede otra que armarnos no debería envilecer nuestras ideas y nuestra moral al respecto, debería reforzarlas.
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