Opinión | La vida moderna merma
Fundación Unicaja: la cultura ocupa su lugar
La Merced merece un edificio capaz de justificar su presencia, respetar el entorno y dialogar con la Alcazaba, el Teatro Romano, el Cervantes, el Albéniz y la propia plaza. Y eso es lo que propone la Fundación

Estado de los terrenos de los antiguos Cines Astoria y Victoria, en abril de 2024. / Álex Zea
Durante mucho tiempo pensé que lo mejor que podía hacerse con el solar de los antiguos cines Astoria y Victoria era, sencillamente, no hacer nada. O, dicho con mayor precisión, hacer el vacío. Liberar la plaza de la Merced, devolverle aire y borrar la estampa de un edificio que no figuraba entre las pérdidas irreparables del patrimonio universal.
No era una postura hostil a la arquitectura. A veces, la mejor construcción es la que se decide no levantar. Málaga tiende a considerar que todo metro cuadrado libre sufre una enfermedad que solo puede curarse con hormigón. Por eso me parecía razonable que la plaza respirase, algo que en el centro histórico empieza a ser una actividad de riesgo.
Pero el tiempo, que suele corregirnos él solito, ha ido cambiando mi parecer al respecto. Aquel espacio no ha terminado siendo plaza, jardín ni lugar de estancia. Se ha convertido en un vacío provisional con extraordinaria vocación de permanencia. Y un vacío que dura demasiado deja de ser aire para convertirse en herida. En Málaga, además, un solar nunca está realmente vacío. Contiene todos los proyectos que todavía no han fracasado.
Hoy creo que aquel enclave merece algo. No cualquier cosa, desde luego. Merece un edificio capaz de justificar su presencia, respetar el entorno y dialogar con la Alcazaba, el Teatro Romano, el Cervantes, el Albéniz y la propia plaza de la Merced. Un edificio que no se imponga sobre la ciudad, sino que la enriquezca. Eso es lo que plantea la Fundación Unicaja con el gran centro cultural, educativo y social que levantará allí.
Habrá que juzgar la arquitectura definitiva, porque en urbanismo las buenas intenciones no siempre sobreviven al primer render. Pero la vocación pública del proyecto permite recibirlo como una noticia extraordinariamente positiva.
Naturalmente, ya ha aparecido quien considera que allí deberían construirse viviendas protegidas, un centro social para jipis o cosas que solamente entiendan ellos y su hipotético electorado -que vive escondido en una cueva y nunca sale ni a votar-. La vivienda es un problema gravísimo. Precisamente por eso merece políticas serias, suelo adecuado, planificación y presupuesto. Lo que no merece es ser utilizada como comodín retórico cada vez que la ciudad proyecta un museo, un teatro o una biblioteca. Pretender resolver la crisis habitacional colocando pisos en cualquier parcela emblemática es como intentar vaciar el mar con un cubo. Produce una fotografía curiosísima, pero no arregla el problema.
La Plaza de la Merced no resolverá la política de vivienda de Málaga. Afirmarlo puede proporcionar unos minutos de agitación en redes sociales, pero no aporta una sola casa a quien la necesita. Hay mensajes políticos tan pobres que parecen redactados con la esperanza de que el ciudadano no distinga entre una propuesta y un eslogan. Y hay un populismo especialmente desalentador que enfrenta necesidades que no son enemigas. Como si la cultura debiera disculparse por existir mientras falte una vivienda.
Además, el solar no se entrega en una tómbola benéfica. La fórmula aprobada es una concesión por setenta y cinco años, con un canon anual superior a cuatrocientos mil euros, para construir y mantener un equipamiento abierto a la ciudadanía. Habrá exposiciones, conciertos, conferencias, actividades educativas, programas sociales y espacios destinados a poner en valor los restos arqueológicos hallados bajo el antiguo cine. Se puede discutir el modelo, pero convendría hacerlo con datos y no con estampitas electorales.
Hay, sin embargo, otra reflexión más importante. No somos plenamente conscientes de la fortuna que supone para Málaga y Andalucía contar con una institución como la Fundación Unicaja. Y de que, además, sea de aquí. Tenemos una habilidad singular para considerar normal lo excepcional y sospechoso lo simplemente bueno.
Fundación Unicaja no es solo un logo colocado en la esquina inferior de los carteles. Es una de las vigas maestras del tejido cultural y social andaluz. Hay festivales, exposiciones, publicaciones, conciertos, becas, programas educativos, proyectos asistenciales y actividades deportivas que existen o alcanzan otra dimensión gracias a su respaldo. La cultura, por mucho que algunos la imaginen levitando en una atmósfera de entusiasmo, necesita recursos, continuidad y entidades que comprendan que apoyar no consiste únicamente en hacerse la fotografía inaugural.
Hay instituciones que patrocinan actos. Fundación Unicaja sostiene ecosistemas. Su labor no siempre hace ruido, quizá porque las cosas realmente útiles suelen tener menos talento para la propaganda que las inútiles. Basta recorrer la vida cultural de Andalucía -ojo a la exposición que inauguran en Málaga en breve bajo el título de “Y sonó la música”- para comprender hasta qué punto su presencia resulta estructural. Poner en cuestión frívolamente un proyecto así revela, en el mejor de los casos, desconocimiento de la ciudad. En el peor, una opinión bastante modesta sobre la inteligencia de los ciudadanos.
Otra cuestión distinta es cómo hemos llegado hasta aquí. El capítulo del Astoria merece una historia propia, quizá por fascículos y con música de drama. Desde que el Ayuntamiento culminó la adquisición del solar en 2010 hasta su derribo, las excavaciones y la sucesión de ideas, concursos, renuncias y cambios de guion, han transcurrido demasiados años y se ha empleado demasiado dinero.
Una buena solución final no convierte automáticamente en buena toda la trayectoria anterior. Sería saludable evaluar ese largo recorrido, aunque solo fuera para evitar que el próximo gran proyecto municipal necesite la paciencia de una abuela con su nieto.
Pero una cosa no invalida la otra. Podemos censurar el camino y celebrar el destino. Podemos preguntarnos por el coste del retraso y reconocer que el solar ha caído finalmente en unas manos difícilmente mejorables. Fundación Unicaja tiene solvencia, experiencia y arraigo.
La Plaza de la Merced no necesita un monumento a la improvisación ni otro no lugar vallado a la espera de la siguiente promesa. Necesita una intervención que esté a la altura de Málaga y que devuelva a la ciudad más de lo que ocupa. Con este proyecto el antiguo Astoria dejará de ser el símbolo de una espera para convertirse en un lugar del que cualquier malagueño podrá sentirse orgullo.
No estarán llenando un solar. Habrán dando contenido a un vacío. Y después de tantos años, no parece poca cosa.
Viva Málaga.
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