Opinión

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El mantra de De la Torre
Parecería ciencia ficción cruzarse al sempiterno alcalde en mangas de camisa dando una vuelta por el Paseo del Parque, descubriendo su propia ciudad y disfrutando de una jubilación

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. / Álex Zea
Hay una cantinela que, de forma cíclica y no necesariamente acompasada con los ciclos electorales, se escucha en Málaga. Por supuesto, es un Francisco de la Torre hablando de su agenda, de lo apretada que está, de lo difícil que le es conciliar, hacer deporte… y que si soluciona todo eso, entonces, y solo entonces, se presentará a la reelección como candidato del Partido Popular a los siguientes comicios electorales.
Un mantra que encabeza multitud de entrevistas, artículos… y que probablemente nunca invocará nada más que un recurso cómodo para salir del paso cuando alguien le pregunta si volverá a aspirar a la alcaldía de Málaga, si adentrado ya en los ochenta, no sería quizás el momento de dar un paso al lado. Pero la realidad es que a De la Torre no le interesa aligerar su agenda, es más, prefiere que esté colmada, que sea útil y provechosa, apurando y puliendo cada minuto. Con 83 años, no quiere permanecer en una cola de embarque para coger un avión más allá de lo físicamente necesario, por lo que su equipo ha tenido que desarrollar nervios de acero para correr con él por aeropuertos y estaciones.
Hoy, después de un cierto tiempo de misterio impostado, el alcalde ha citado a los medios en los jardines de Pedro Luis Alonso, como ya hiciera en 2022, para anunciar que se siente “útil” para la ciudad y que, por tanto, volverá a ser el candidato del Partido Popular para las elecciones municipales del próximo año. Postulante del PP, eso sí, casi como un mero tecnicismo electoral, ya que De la Torre juega desde hace ya años con su propia marca, esa que le permite danzar con el argumentario de partido y ser, al mismo tiempo, un verso suelto. El que fue su contrincante por el PSOE en los dos últimos ciclos electorales, Dani Pérez -hoy en día ya fuera del Ayuntamiento- decía que “a Paco se le ha votado por inercia”. Lo decía a modo de crítica y con la convicción de que ese voto de costumbre estaba caducado, con una ciudadanía agotada por la crisis de vivienda, la saturación turística y los problemas de movilidad. Spoiler: De la Torre sigue siendo alcalde e incluso logró recuperar la mayoría absoluta tras el hundimiento de Ciudadanos, lo que da buena cuenta del peso de esa marca.
Por séptima vez, Francisco de la Torre volverá a presentarse como candidato a la alcaldía de Málaga, en la que lleva al frente 25 años y en la que entró como discípulo de Celia Villalobos, cuando esta marchó a Madrid tras la llamada de Aznar. En caso de cosechar una nueva victoria, hay quien especula con que haría medio mandato mientras se define a su “delfín” pero cuesta creerlo, habida cuenta de lo que suele ocurrir en sus filas cuando alguien despunta como posible sucesor. De igual forma, resulta difícil pensar que el sempiterno regidor esté valorando dejar algo a medias, siempre que la salud acompañe a esa intensidad que le caracteriza. Sinceramente, ¿no parecería ciencia ficción cruzarse a De la Torre en mangas de camisa dando una vuelta por el Paseo del Parque, descubriendo su propia ciudad y disfrutando de una jubilación? Al candidato le aburre que le pregunten por su edad y si está cansado, él sube las escaleras de la Casona del Parque dando saltos.
A estas alturas del cuento, es evidente que De la Torre piensa ya en su legado, en las cosas por lo que quiere ser recordado en su ciudad. Y cree que se quedan demasiados pendientes en ese cajón de megaproyectos que nunca se materializan. Quiere el Plan Litoral, quiere sus puentes-plaza en el Guadalmedina, quiere auditorio, ¿quiere? Torre del Puerto, quiere ampliar el Palacio de Ferias y Congresos… pero por el camino se le ha colado una crisis de vivienda galopante y un turismo masivo que ha engullido al Centro de Málaga y que va ya hacia los barrios. Bien sabemos que no es solo competencia local, también es responsabilidad de la Junta y del Gobierno central, pero al igual que se beneficiaba de la llegada del AVE a Málaga, ahora le toca canalizar lo que no gusta, lo que es incómodo y sin soluciones a corto plazo. Y en eso, De la Torre peca de relativizar el coste, de entender que tampoco es para tanto tener que irse a vivir a Villanueva del Rosario si el barrio en el que te criaste hoy es prohibitivo. El éxito de la ciudad tiene que ser compatible con el derecho a poder quedarse.
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