Opinión | Tribuna
Regularización: entre lo logrado y lo que falta
Si algo ha puesto de manifiesto este proceso es tanto la enorme capacidad de respuesta colectiva como las limitaciones estructurales que siguen dejando a muchas personas fuera

Varias personas migrantes hacen colas en la oficina de la Seguridad Social para la regulación de su situación en España. / Álex Zea
La finalización del plazo de presentación de solicitudes de la regularización extraordinaria nos deja, en Málaga Acoge, con una sensación difícil de resumir en pocas palabras. Es una mezcla de orgullo, agotamiento y también de inquietud. Porque si algo ha puesto de manifiesto este proceso es tanto la enorme capacidad de respuesta colectiva como las limitaciones estructurales que siguen dejando a muchas personas fuera.
Lo primero que debemos decir es que había 1.174.978 razones -1.174.978 personas - que justificaban este proceso de regularización que las entidades sociales veníamos exigiendo desde hace tanto tiempo a través de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) impulsada por el movimiento Regularización Ya. No era una demanda abstracta ni una cifra lejana: eran vidas concretas, trayectorias marcadas por la incertidumbre, la precariedad y, pese a todo, la resiliencia. Y aun así, nos duele saber que, probablemente, muchas personas se han quedado fuera. Las trabas administrativas, la falta de información o los plazos ajustados han vuelto a convertirse en barreras que, en demasiadas ocasiones, determinan el acceso o no a derechos básicos.
Si aterrizamos en la provincia de Málaga, los datos reflejan bien esta dualidad. Se han presentado un total de 39.899 solicitudes, una cifra ligeramente por encima de las estimaciones que barajábamos tanto desde las entidades sociales como desde la propia Subdelegación del Gobierno. Este dato, lejos de ser únicamente positivo, nos invita también a una lectura más allá: si hemos superado las previsiones iniciales, es razonable pensar que existe un número indeterminado, pero significativo, de personas que no han logrado acceder al proceso.
Sin embargo, junto a esta preocupación, hay motivos claros para el reconocimiento colectivo. Estos datos ponen en contexto el enorme trabajo realizado por nuestra asociación durante estos meses en los que acompañamos a 6.595 personas. A grandes rasgos, al menos un 14% de las solicitudes presentadas en toda la provincia han pasado, de una forma u otra, por nuestras manos, ya sea a través de atenciones, asesoramiento o emisión de certificados de vulnerabilidad.
Hay, además, un dato especialmente significativo que habla del compromiso y la capacidad de respuesta de la entidad: Málaga Acoge ha tramitado directamente el 4,21% de todas las solicitudes de la provincia.
Pero más allá de los números, lo que verdaderamente define este proceso son las historias humanas que lo atraviesan. Historias como la que comparte Karima, voluntaria en la entidad colaboradora en Málaga durante el proceso de regularización: «Como mujer migrante y voluntaria, he vivido momentos muy intensos. Recuerdo especialmente a una mujer que me dijo: ‘Acabas de salvarme la vida’, solo por facilitarle el certificado de vulnerabilidad que no conseguía en otro lugar. He visto la esperanza en los ojos de quienes confiaban en nosotras, y también lágrimas de alegría al saber que habían llamado a la puerta correcta».
Ese «haber llamado a la puerta correcta» resume, en muchos sentidos, el papel que han desempeñado las entidades sociales durante este proceso. No sólo como intermediarias administrativas, sino como espacios de confianza, de escucha y de acompañamiento. Lugares en los que las personas no son expedientes, sino sujetos de derechos con historias, miedos y proyectos de vida.
A estas experiencias se suman gestos que hablan por sí solos. Como recuerda Charo, voluntaria en Torre del Mar, uno de los días llegó un joven migrante sin saldo en su teléfono para poder continuar el proceso. Al escucharlo, una mujer que estaba acompañando a otra persona se quedó para ayudarle a traducir y, sin dudarlo, le dio dinero para que pudiera recargar. Poco después, otra pareja que esperaba su turno hizo lo mismo. En medio de tantas dificultades estos gestos de solidaridad entre personas migrantes le impresionaron «profundamente».
En la misma línea, Salima, también voluntaria y migrante, pone palabras a una dimensión más profunda de esta experiencia. Afirma que cuando mira a los ojos a las personas que llegan, ve su propia historia, sus propios miedos y su propia fuerza. Poder acompañarlas no es para ella sólo una labor social sino un compromiso personal: «Aquí no importa de dónde venimos, sino hacia dónde caminamos juntas».
También vivimos historias que evidencian hasta qué punto persisten situaciones de gran vulnerabilidad en Málaga. A pocas horas de acabarse el plazo del proceso atendimos a una mujer que trabajaba como interna y a la que no se le permitía salir. Para que no perdiera la oportunidad, tuvimos que recoger su documentación directamente en la vivienda en la que trabaja.
De ahí que este proceso, con todos sus logros, también ha dejado clara la necesidad de políticas más sostenidas en el tiempo. La regularización no puede depender de ventanas excepcionales ni de la capacidad de las entidades sociales para absorber una demanda que, en muchos casos, supera con creces los recursos disponibles.
En este sentido, hay dos datos que nos parecen especialmente importantes: casi el 80% de las personas a las que hemos acompañado no había acudido antes a nuestra asociación ni a otras entidades en busca de apoyo, y muchas de ellas compartieron que habían sufrido situaciones de violencia, tanto física como verbal.
Lo que hemos vivido en Málaga es, en definitiva, un reflejo de algo más amplio: una sociedad que avanza gracias al compromiso colectivo, pero que sigue enfrentando retos importantes en materia de derechos e inclusión. Nos quedamos con lo conseguido, con las miles de personas que ahora tienen una oportunidad real de construir su proyecto de vida con una mayor estabilidad. Pero también tenemos la responsabilidad de seguir trabajando para que, en el futuro, nadie tenga que quedarse fuera. Porque detrás de cada número hay una historia. Y detrás de cada historia, una razón más para no dejar de insistir.
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