Opinión | Opinión
Trump colecciona peleles

El presidente de EEUU, Donald Trump, en un acto en Washington. / S1c Brittany Primavera/Us Army / Zuma Press / Euro
El Donald Trump 2.0 que nos aflige tiene tres rasgos principales: ejerce el poder despóticamente con más descaro que en su primera etapa presidencial; antepone sus negocios particulares a los institucionales, hasta el punto de privatizar los actos de conmemoración del 2500 aniversario de la firma de la Declaración de Filadelfia, por lo que resultó una fiesta fracasada; y, renovada pasión: colecciona peleles. Le encanta rodearse de gente servil que no le discuta mamarrachada alguna.
La lista de generales, almirantes y estrategas de alto nivel dimitidos por dignidad profesional, o cesados, en este segundo mandato, es larga. Le advirtieron de que no se metiera en el avispero de Irán, ni en el cepo del Estrecho de Ormuz y los apartó de la sala de guerra donde se toman decisiones. Así que allí anda, embarrancado, declarando acuerdos de paz por la mañana y reanudando hostilidades por la tarde, con el confort de los pelotas que no le contradicen.
No hay acontecimiento de relevancia en el que no siga el mismo patrón y encumbre a un nuevo pelele. En el Mundial de fútbol, después de recibir de manos del servil presidente Infantino un inventado Premio FIFA de la Paz en el deporte, lo llamó para que retirara una tarjeta roja a un jugador de la selección estadounidense. Por supuesto que Gianni Infantino cumplió sus deseos al instante, y las selecciones mundiales acataron la intolerable injerencia. Como venganza, al siguiente partido, en octavos de final, los belgas le dieron un repaso a su selección (4 a 1) mientras que el jugador amnistiado, Balogun, apenas tocó el balón, seguramente abrumado al sentirse en la diana del pitorreo mundial. De remate, con el cuarto gol, los jugadores belgas comenzaron a bailar imitando a Trump, en el campo y en el vestuario.
Pero Trump, no suficientemente satisfecho con ascender a Infantino al «podium de los calzonazos» (en Italia esa condición se le bautiza en la burla como fantoccio), voló a Ankara a la cumbre de la OTAN, donde le esperaba la alfombra roja y el felpudo de Mark Rutte, secretario general de la decrépita organización y antes primer ministro holandés. Allí, Trump comenzó renovando su amenaza de quedarse con Groenlandia, faltando el respeto a todos sus aliados, despreciando a la italiana Giorgia Meloni y arremetiendo especialmente una vez más contra España, de cuyos dirigentes dijo que eran «malas personas» y que se disponía a cortar los intercambios comerciales, como si no existiera un Tratado Estados Unidos-Unión Europea que impidiera decisiones unilaterales contra un país socio. Y todo esto al lado de Mark Rutte, impasible, y sin inmutarse por tanto desprecio. A las pocas horas dijo, de vuelta a casa, que había sentido «amor» entre sus aliados y que «España ya había pagado su deuda».
Fue un periodista danés, de la agencia Ritzau, el que retrató al pelele Rutte con un misil en forma de pregunta en rueda de prensa: «Tú te sientas al lado de Trump y no dices nada cuando habla de conquistar Groenlandia, cuando amenaza a aliados como España con guerras comerciales y otras cosas que el viejo Rutte no aprobaría, ¿eso afecta a tu propio respeto?» Salió como pudo.
El Gobierno español aguantó la embestida, Pedro Sánchez habló después con Trump «de deportes» y los comentaristas de derecha se desconcertaron. «¿Qué le habrá pagado Sánchez para ese súbito cambio de opinión?». Algo había que escribir para no reconocer que aguantar con dignidad los excesos ajenos, tiene a veces reconocimiento y recompensa. n
Suscríbete para seguir leyendo
- Unos 300 vecinos muestran su rechazo al nuevo paseo marítimo de Pedregalejo: 'Va a ser otro Muelle Uno
- Sierra de las Nieves: donde el verano aún sabe a pueblo
- Fallece una persona atropellada en la A-7 a su paso por Málaga
- Muere un hombre de 58 años en una piscina de un cortijo de Cómpeta
- Los vecinos del Centro de Málaga reclaman soluciones al Ayuntamiento ante los constantes apagones: 'Cada vez son más frecuentes y duraderos
- Un informe alerta de que la falta de capacidad eléctrica pone en jaque la construcción de viviendas
- Susto en una playa de Málaga: un enorme pez sigue a un bañista y acaba varado en la orilla
- Mercado de fichajes: El Málaga CF necesita músculo
