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Opinión | Viento fresco

Jose María de Loma

Jose María de Loma

Redactor jefe y articulista

Malos tiempos para el té en Málaga

No me gustaba la tetería San Agustín, pero menos me gusta lo que el sustituto representa

Malos tiempos para el té en Málaga

Malos tiempos para el té en Málaga

No me gustaba la tetería de San Agustín. No me gusta el té. De hecho, no me gustan las teterías, las clásicas, esas que abundan por ejemplo en Granada. Tienen un aire como tristón, de pesimismo espeso y postureo del siglo XX, de muchacha que en domingo por la tarde con melancolía finita le cuenta a su mejor amiga que el novio la ha dejado, ¿nos tomamos unas pastitas, que aquí están muy buenas?

Tampoco me gustan las plañideras. Gente que se rasga las vestiduras (y por lo tanto se queda en pelotas dando un bochornoso espectáculo) porque cierren tan emblemático lugar sin haber ido nunca ni haber contribuido por tanto a su mantenimiento. Por supuesto que puede lamentarse el cierre de un negocio sin ser cliente de él, claro, pero me refiero más bien a lloricas profesionales.

Con todo, y dicho esto, menos me gusta que venga un Carrefour City a ocupar el lugar de la tetería San Agustín, a cuyos propietarios deseo toda la prosperidad del mundo. No es siquiera un Carrefour a mano para comprar leche a deshora para tu chavea. No. Es una tienda para clavar al guiri de los apartamentos turísticos, reyes absolutos del Centro. No es que perdamos identidad, la identidad tiene que evolucionar y el turismo es un maná, no, la cosa es que se nos está quedando un Centro que es un coñazo insufrible en el que se come fritanga, huele mal, te crucifican por un desayuno y está sucio. Por cada guiri educado, la mayoría, también sufrimos a los descamisados bullangueros. También en Salzburgo hay franquicias en todo el centro-centro, es el signo de los tiempos, lo que ocurre es que aquí a la modernidad se le ha puesto tal alfombra roja que ha venido con su invitado favorito: los excesos. Malos tiempos para un té tradicional. Para un mitad o un sombra, también, que ya en algunos lugares va por los tres euros de coste. En los express eso ya es otra cosa: hay cafés envasados monísimos para tomarlos caminando por la calle mientras se busca a algún malagueño nativo al que preguntarle: oiga, un sitio típico, no de turistas por aquí, ¿hay?

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