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Opinión | El ruido y la furia

Kanreki

A sus sesenta años, uno se mira en el espejo y evoca recuerdos de una juventud marcada por objetos y experiencias inolvidables

El Kanreki (還暦) es la celebración japonesa del 60º cumpleaños. Representa el fin de un ciclo completo en el calendario zodiacal chino—5 elementos y 12 animales— simbolizando un "renacimiento" y el inicio de una nueva etapa vital.

El Kanreki (還暦) es la celebración japonesa del 60º cumpleaños. Representa el fin de un ciclo completo en el calendario zodiacal chino—5 elementos y 12 animales— simbolizando un "renacimiento" y el inicio de una nueva etapa vital. / L.O.

Me contaron que estaba anocheciendo, pero que había aún un rastro leve de luz. Acaso de ahí venga mi inclinación a la melancolía, mi preferencia por los atardeceres, mi gusto por los delicados tonos del color violeta. También me contaron que soplaba levante, que flotaba sobre la ciudad, a esas horas crepusculares, un taró que nacía del mar al mismo tiempo que nacía yo, gemelo ya para siempre de la bruma. De esto que me contaron han pasado, dicen, sesenta años.

En Japón, cuando alguien cumple sesenta años le hacen una fiesta que llaman Kanreki y que, según su costumbre, se considera que la persona regresa al año de su nacimiento y comienza una nueva etapa llena de juventud y sabiduría.

Lástima, algunas veces, no ser japonés, porque esta mañana me he mirado al espejo sin ese desinterés con que suelo hacerlo, que ni mirarse es siquiera, todo lo más es verse, y me he dado cuenta de que durante muchos años he estado frente a otro, a uno más joven, a uno de hace quizás veinte, treinta años, sin duda alguien de otro tiempo, un tipo que ya no existe, y que lo que creía ver en el espejo no era más que un recuerdo.

Gesto de desaliento

Me he mirado un rato largo y me he visto cansado, con unas canas en la barba que no sé cuándo aparecieron, con un gesto de desaliento que no me favorece. Hoy me he mirado al espejo y de pronto se ha esfumado el chaval aquel que recordaba. Y luego me he acordado de que tuve una vez una escopeta que disparaba pelotas amarillas, que tuve una vez una navajilla y una linterna, que tuve una vez una bolsa de bolas, media docena de trompos y un carrillo de cojinetes, que tuve una vez estampas de futbolistas, un montón de tebeos, un balón de reglamento y una equipación del Málaga, y cinco duros de sugus, y la tarde entera en el agua, y un libro en vez de la siesta, y el terral y su soplo volcánico, y el eco dormido del portal, y la voz del agua en el aljibe, y un sendero que iba a la playa, y la alberca y su agua verde, y el olor de la viña al mediodía. Que tuve una vez un pájaro herido entre las manos.

Kanreki de periódico

Una de las leyes del oficio es que los periodistas no debemos hablar de nosotros mismos, jamás debemos ser nosotros la noticia. Pero la columna es una parte periodismo y otra literatura, y mi mitad lírica me lleva hoy a hablar un poco de mí, a hacerme un Kanreki de periódico, ya que me he dejado la vida en ellos. Disculpe, por favor, el atrevimiento, a los viejos se nos deben permitir, en días señalados, estas licencias.

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