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Opinión | El lápiz de la luna

Que viene el coco (y vino)

El presidente electo de Colombia, conocido como 'El Tigre', lanza advertencias a sus opositores políticos tras ganar las elecciones.

Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia.

Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia. / L.O.

Ha ganado las elecciones de Colombia un loco. Un tipo que se hizo de oro con un bufete de abogados en el que defendía a los malos. A los malos malísimos. Cuando comento en el desayuno con mi marido esta noticia él se limita a decir con sorna y la sonrisa torcida: «El trumpismo». Pongo los ojos en blanco. Me exacerba esa obsesión que tiene con el dictador del mundo libre, pero he de reconocerle que tiene razón, lo que hace que adopte una postura de suficiencia. Entonces le digo que a veces sueño que estoy en lo alto de una torre viendo cómo avanzan hacia nosotros, con paso lento, pero decidido, todos los errores que ya cometimos en el pasado y recogen los libros de Historia. Le explico también que grito para avisar a los demás y me los encuentro mirando para otro lado. Como si esto no fuera con ellos, como si no fuera con todos y cada uno de nosotros. «Mira, ahí tienes un artículo, Rapunzel», me dice. «¿Y te piso tu tema?», le contesto. Él me mira con esa cara que tras once años juntos viene a decir: «Hay tela para cortar».

Las declaraciones de Feijóo sobre las bajas

Redirijo la mirada, me alejo de Sudamérica y vuelvo a nuestro país para escuchar a Feijóo decir que la gente que no va a trabajar porque está de baja no puede cobrar lo mismo que la que va a trabajar. ¿A este señor nadie le ha explicado que cuando cogemos una baja cobramos menos salvo las empresas que por convenio no te descuentan? Además, el aspirante a presidente del país considera que los enfermos que cogen bajas, como si esto fuera una tómbola y no te la diese un facultativo, «Son un cáncer para España». Patinó con la metáfora sociopolítica. Rápidamente salió un portavoz de su partido a aclarar cada uno de los argumentos que dio Feijóo, porque claro, lo que se explica mal se entiende mal. No nos salió muy listo el candidato si necesita traductor simultaneo que le dé coherencia a los disparates que dice.

¿De qué me suena esto de dirigir un país, quitarles derechos a los ciudadanos y decir sandeces? Ah, sí. Ya me acuerdo. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué vemos el fuego y corremos hacia él? ¿Por qué esta necesidad de inmolarnos? ¿Por qué hemos decidido mirar para otro lado? Mi abuela vivió dos guerras con sus postguerras, una dictadura y una transición. Nunca se perdía el telediario del mediodía, ya que indicaba que teníamos que estar informados de lo que pasaba en el mundo y con frecuencia soltaba aquello de «Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar». Muchos de nuestros vecinos ya no tienen barba ni voz…

El odio en redes y el sentido del voto

La última vez que escribí un artículo sobre política recibió cuatrocientos ochenta y nueve comentarios negativos en la publicación que hizo el periódico en redes sociales. En ninguno de esos comentarios se me deseaba el bien y se me acusó de socialista, de roja y de no sé qué más. Me entristeció leer tanto odio por una opinión. Esto no va de colores, señores, ni de siglas políticas. Ahora mismo no hay nadie con un mínimo de decencia y de cordura que pueda dirigir este país. Esto va de nosotros y de nuestro sentido común. De elegir, votar y reflexionar con cabeza. Cada cual está mostrando sus cartas y hay algunos con los que me aterra jugar. Abelardo de la Espriella, presidente electo en Colombia y conocido popularmente como El Tigre, tras ganar las elecciones lanzó advertencias directas a sus opositores políticos: «Ya saben lo duro que muerde el tigre», esto no es una metáfora, es una amenaza. Estamos rodeados de depredadores y solo nosotros podemos enjaularlos yendo más allá de las vísceras o elegir ser las presas. Pensemos en ello.

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