Opinión | Arte-fastos
Arte, literatura, mitología... y lentejuelas

Brianda Fitz James Stuart, posando con una de las piezas de su muestra / J.M.S.
Quizá se dejó llevar por la emoción, o tiró de consabido eslogan publicitario, o tan solo exageró un poco; y eso que Mario Vaquerizo no es andaluz, pues sabe el lector que a los andaluces nos adjudican, entre otros sambenitos más o menos honorables, el ser exagerados (y aquí decimos junto con don Juan Tenorio: ¡Que mal rayo (les) parta!). Pero lo cierto es que el conocido cantante, presentador y ‘showman’ no defraudó: de riguroso negro, con camisa o blusa (no sabría decirles) de lentejuelas, saludó a propios y extraños, repartió sonrisas, se dejó fotografiar en la calle y dentro de los comercios locales (todo un detalle), y mientras se dirigía al público, micrófono en mano, pronunció esa consigna que nunca falla: "Si no estás en FLEST, no existes".
Naturalmente se refería al Festival Literario de Estepona (FLEST), que en su tercera edición, coordinada por Alejandro Simón Partal y celebrada los días 26, 27 y 28 de junio pasado, reunió a figuras no solo del ámbito literario, sino también de la música o de las artes, tales como Estrella Morente, Belén Cuesta, Rosa Montero, Pedro Piqueras, Sara Torres, Enrique Vila-Matas, Luis Alberto de Cuenca o Julián Casanova. La aportación artística (mejor dicho, pictórica) le correspondió a Brianda Fitz-James Stuart (Madrid, 1984), artista multidisciplinar que abrió la jornada inaugural con una exposición de su obra reciente: una decena de obras de gran formato que permanecerá instalada en la céntrica calle Terraza hasta el 20 de septiembre, y que fue presentada por Mario Vaquerizo y Topacio Fresh, quienes luego intervendrían en un coloquio sobre el arte pop.
Seres fantásticos en brumas filosóficas
Barrunto que el título de la exposición, 'El camino: de lo invisible a lo visible', no hace sino trasladar a imágenes seres fantásticos, algunos de raíz milenaria, cuyo origen ha estado envuelto en brumas filosóficas, teológicas y biológicas. Pintora y escritora, además de ilustradora para prestigiosas casas comerciales, Fitz-James, en buena lógica, descarta monstruos apocalípticos o criaturas de los bestiarios medievales, por lo que sus «bestias» (así las llama en su tercer libro) no dan miedo: pegasos, esfinges, sirenas, máscaras, desnudos… muestran su ¿rareza? sin pudor y con un punto de distinción.
Habitantes solitarios de arquitecturas clásicas, entornos naturalistas o vacíos cósmicos, se erigen como protagonistas de mitos, enigmas o historias que forman parte del imaginario colectivo e invitan al espectador a descifrar su finalidad o moraleja. Pero el viaje no resulta tan apacible como aparenta: el anzuelo figurativo (acrílicos de tintas planas y contornos definidos) introduce elementos extraños al contexto original, que siempre queda distorsionado. Y así el espectador, de nuevo, deberá elegir, entre otros escenarios posibles, navegar con mar de fondo (¿o son peces asustados?), por un cielo incandescente (¿o es un crepúsculo amenazador?) o por una bóveda con estrellas… (¿O eran lentejuelas?).
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