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Opinión | Tribuna

Método De la Fuente

La victoria de la Selección sirve como ejemplo de una forma de trabajar basada en la unidad, el respeto y el bien común, frente a la confrontación permanente de la política

El técnico de la selección española Luis de la Fuente durante la celebración este lunes en la plaza de Cibeles de la conquista del Mundial 2026.

El técnico de la selección española Luis de la Fuente durante la celebración este lunes en la plaza de Cibeles de la conquista del Mundial 2026. / SERGIO PEREZ (EFE)

El país anda impactado por la victoria de España en el Mundial. Son estas cosas que ponen de acuerdo a todos, hasta a los que solo les interesa el fútbol cuando hay fiesta. Da gusto observar la coincidencia en la opinión de toda la sociedad. Todos están satisfechos por el éxito de la selección y alaban la metodología utilizada por Luis de la Fuente, al crear un grupo compacto que actuara como equipo y no como un conjunto de estrellas.

Esta idea es bien distinta a la que vivimos en el entramado político del país. El entrenador resumió la siguiente idea en su rueda de prensa posterior al partido. «Jugar con buenas personas y ganar es posible. La gente buena, solidaria, generosa, con valores, que son capaces de formar un auténtico equipo, que antepone el bien común al bien particular, esa es la gente que hemos ido sumando». La receta del éxito siempre pasa por ahí. Del éxito que permanece, no del volátil.

Si el ejemplo a seguir lo tenemos tan cerca, ¿por qué se considera este método infantil? Organizar un partido político con buena gente y que se acostumbre a trabajar con personal de otros partidos que también fueran buena gente suena a naíf. A iluso. A una soberana tontería que solo se la pueden creer los tontainas. Sin embargo, hemos llegado a ser campeones del mundo, a tener un impacto comunicativo y social de millones de personas, a transmitir valores que están en todos los noticiarios del mundo (menos los argentinos, por supuesto), que demuestran que la metodología funciona.

Claro que hay que crecer en ella. De no ser así, la España de fútbol no habría llegado a ser campeona. Luis de la Fuente lleva con los chicos campeones desde las más tiernas divisiones. Les ha debido devorar las entrañas existenciales explicándoles que lo primero es lo primero y el respeto al contrincante, lo segundo. Solo así se logra entender, por ejemplo, la elección del portero, del defensa, del central y del delantero sin que entre compañeros existiera trifulca que enrareciera al colectivo. Ocurre en las empresas, en los equipos de investigación, en los grupos en un quirófano o hasta en una cuadrilla de albañiles. El equipo que trabaja para el equipo.

En la política cada partido va a su bola y los destrozones especuladores de la comunicación mantienen sus tesis de que cuando existe la oportunidad hay que ir a devorar al contrincante. Sin piedad. Están en todas las formaciones y son los que ganan con las pullas entre líderes. De entrada, no es posible el acuerdo. La máxima es que esos acuerdos están diseñados por los acomplejados, por los temerosos, por los que tienen sangre de horchata. Así que hay que demoler al contrario. Destrozado quedará, pero para la cosa pública esas acciones no sirven de nada. Son inútiles. Destructiva. Es la política del a por ellos, que convive en todas las familias políticas. Desde la izquierda hasta la derecha.

Esos mismos consideran este artículo fofo, inútil, sin sentido, ambiguo, infantil, anodino o superfluo. Pero saltaron de alegría ante una selección que ha utilizado esta metodología para ser campeona del mundo. Por algo será.

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