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Opinión | Ver, oír y gritar

La ola de radicalización es la alternativa

El precedente del fiscal general del Estado no invita al optimismo. El sistema democrático flojea. Exhibe goteras y puede hundirse progresivamente si la inercia es ésta

Sánchez, en una rueda de prensa

Sánchez, en una rueda de prensa / L.O.

A estas alturas de la peli casi nadie duda de lo que se cuece detrás del escenario con menos disimulo cada día. El caso de la esposa de Pedro Sánchez y el asunto de su hermano huelen a tarjeta roja anti-Sánchez que amenaza ante la plena indefensión. Distinto es lo de Ábalos, sentenciado y en prisión por delitos de cohecho, malversación y tráfico de influencias, y el caso Leire Díez sobre la supuesta obtención de información reservada en beneficio del PSOE y del Gobierno.

O el asunto de Santos Cerdán por su presunta implicación en el cobro de mordidas derivadas de la adjudicación de contratos de obra pública, además de lo relativo a Zapatero con varios frentes judiciales que generan malas sensaciones. ¿Maniobras políticas y mediáticas? Según parece, en parte sí con la intención de perjudicar al presidente del Ejecutivo y de echar el freno y la marcha atrás a los avances sociales.

El precedente del fiscal general del Estado no invita al optimismo. El sistema democrático flojea. Exhibe goteras y puede hundirse progresivamente si la inercia es ésta y no varía el rumbo político que busca adueñarse de la batuta nacional con zancadillas. ¿Los tribunales marcan la agenda política y la confabulación navega sin freno? Una lamentable dinámica de confrontación porque algunos no van a abandonar su actitud. Y la desconfianza en las instituciones no tiene visos de mejora.

Esto conduce a pensar que el Estado de derecho exige cuidados intensivos para recuperar al paciente y salir de esta. O meterse más de lleno en la ola de radicalización que se disfruta. El crecimiento de hinchas ultras refleja los anhelos de diluir el paisaje pintado por ciertas formaciones para desesperar a la gente y que se eche en sus brazos. Pero eso no soluciona ningún problema. Al contrario. Fabrica problemas y, por tanto, aumentan. ¿El progreso económico y la cohesión social funcionan tan pésimamente?

Por supuesto, todo es mejorable. Pero muy distinto es afirmar que se destruye la prosperidad de las familias y que las clases medias se empobrecen. Vale exigir estabilidad, reformas estructurales y una garantía de que las cosas funcionen. Cabe pensar que la mejor solución reside en un gran acuerdo de gobernabilidad entre el PP y un descafeinado PSOE con otros líderes limpios de polvo y paja. El antagonismo actual de los dos equipos hace imposible esa posibilidad que entra en el campo de la ficción.

Recuerden lo que algunos afirmaban con la ley de amnistía. Atentado a la democracia y otros gloriosos puntapiés por el estilo. Fue insólito ver a los jueces en las puertas de sus juzgados para rechazar una norma en tramitación. La polvareda de las fuerzas conservadoras y regresivas sigue apuntando a la cara del malvado Sánchez, y ahora tenemos dos sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que señalan la compatibilidad de esa ley con el Derecho de la UE, como vía para la «reconciliación nacional». ¿Se aplicará por completo con todas sus consecuencias legales? Es sabido que las derechas se suelen llevar muy mal con los derechos.

Son así y siempre organizan números circenses y apocalípticos cada vez que alguien intenta cambiar algo y romper anquilosamientos. Ya preparan la motosierra de los recortes destinados a muchos jóvenes y mayores que sean capaces de apoyar en las urnas a personajes dispuestos a no beneficiarlos nunca. La confrontación permanente es la norma de estos buscadores de conflictos que viven de eso. Gobernar juntos por el bienestar suena bien, aunque volver hoy al viejo bipartidismo para abordar grandes pactos en diferentes materias y frenar a las minorías no sería la solución desde un enfoque progresista que quiera ofrecer respuestas en el terreno de juego.

La judicialización política, la persecución y la falta de imparcialidad de ciertos tribunales son cuestiones que muchos ciudadanos señalan, lo cual no significa que cualquier asunto sea tratado de idéntica forma. Las dos varas de medir son una evidencia en unas u otras tramas vigentes. Existen causas que afectan a socialistas y van rápidas. Y las hay con «sobrecarga de trabajo» encima de la mesa. ¿Por qué será? El que pueda hacer, que haga o no haga. Depende.

La democratización del Estado está bajo mínimos y el descrédito prospera. Funciona y encuentra apoyos en las clases privilegiadas. Peor todavía es cuando vienen de la mano de las personas que madrugan. A ver si el Gobierno «autoritario», que sufre el autoritarismo de quienes ejercen estupendamente ese papel, cae de una vez por todas y tema resuelto. Éramos pocos y la superestrella Aznar habla subido al podio de los consejos más cutres. Apuesta por la moderación un hombre que quiere meter goles en la portería contraria con artimañas. ¡Derechas del mundo entero, uníos!

Solicita que se integre todo lo que esté a la derecha de la izquierda, huyendo de las extravagancias impracticables. El auge de los trabajadores siempre les resulta incómodo. Y rechaza los «artefactos propagandísticos» creados contra el PP como si no hubiese una máquina del fango permanente que apunta a Sánchez. Esa es la alternativa que podría ganar si los votos no lo remedian en las próximas elecciones generales.

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