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Opinión | La suerte de besar

Señoras, señores, ganadores y perdedores

Tengo 53 años y espíritu de 28. Tengo vitalidad, ilusión, sigo con ganas de comerme el mundo

Elegancia natural

Elegancia natural / L.O,

En mi pequeño gran mundo, cuando alguien dice que Menganito es un señor se refiere a que Menganito es honesto, noble y educado. Una persona en la que confiar, que desprende madurez vital y una elegancia más allá de vestimentas y ademanes. Alguien que no critica, que no hace juicios de valor y que es, en esencia, bondadosa. Creo que estar rodeada de hombres con esas cualidades humanas es un gusto.

En mi pequeño gran mundo, cuando alguien dice que Menganita es una señora se puede referir, por supuesto, a algunos de los atributos mencionados anteriormente, pero cuando alguien te llama así es que te considera mayor. Una mujer con modales, podría ser, pero madura, por supuesto. Tengo 53 años y espíritu de 28. Tengo vitalidad, ilusión, sigo con ganas de comerme el mundo, de iniciar proyectos y no me siento de vuelta de nada. Me siento una chavala que, a los ojos del mundo, es una señora. Estoy en el supermercado, en la zona de los congelados. Además de disfrutar de un refugio climático, trato de decidir si debo comprar salmón o lomos de merluza. Vivo ajena al entorno. Saco el móvil y consulto las propiedades de uno y de otro. ¿Ha acabado, señora?, me pregunta un hombre de mediana edad. Me miro de reojo en un espejo. Observo mis párpados y mi cuello. ¿Soy una señora? Lo soy. Me asaltan los recuerdos y las imágenes. Cómo intenté seguir los pasos de la bachata, cómo levantaba los pulgares y daba palmadas al aire. Esos gestos ya fueron la primera señal de alarma. Me veo ataviada con ese vestido sin mangas y reconozco los cambios en mi cuerpo. Decido llevarme el salmón, un bote de aceitunas y una bolsa de patatas fritas, para compensar.

De vuelta a casa, en la radio del coche escucho a Luis de la Fuente hablar del bien común, resaltar que lo importante de la selección es que han funcionado como un equipo, loar los atributos de cada uno de los jugadores. Me gusta su forma de expresarse y su humildad. Cómo ha sabido estar en un segundo plano y ceder el protagonismo a ese conjunto de chavales que nos han hecho tan felices y nos han hecho sentir orgullosos de nuestra forma de ser, de hacer, de nuestro país y de nuestros valores. Luis de la Fuente es un señor. Sí, señor. Saber ganar es un arte y nuestro equipazo de fútbol ha sabido hacerlo. Sin mucha estridencia y con elegancia.

También es un arte saber encajar una derrota. No perder la compostura, guardar las formas y estar a la altura de las circunstancias. Sigo viendo imágenes de algunos de los integrantes de la selección argentina tras la final y sigo sintiendo cierta incredulidad, porque ¿cómo es posible tanta bajuna moral? Mostraron falta de señorío y una conducta tan primaria y marrullera que provoca estupefacción. Alguien escribió en redes que nuestra selección encarnaba los valores europeos y que el comportamiento de algunos jugadores argentinos mostró esa parte del mundo estridente, violento, manipulador y que amenaza la convivencia. Interesante paralelismo. Quiero ser una mujer que se siente cómoda con su edad. Alguien capaz de encajar y aprender de sus derrotas y que saborea y siente que merece sus victorias. Es decir, una auténtica señora.

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