Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Casa Mágica en Vacaciones

Málaga

La paradoja preadolescente: lo que creemos rebeldía muchas veces es biología

Entre la independencia que reclaman y el abrazo que siguen necesitando: claves para entender el cerebro y las emociones de un preadolescente

Un grupo de preadolescenters

Un grupo de preadolescenters / Studio Ai/Pexels

«¡Ha cambiado de la noche a la mañana!». Es una de las frases que más se escucha cuando las familias hablan de sus hijos entre los diez y los trece años. De repente ya no quieren ir al parque, les incomoda que los traten como niños, discuten por cuestiones que antes parecían insignificantes y buscan pasar más tiempo con sus amigos. Sin embargo, esos mismos niños que reclaman independencia siguen necesitando un abrazo cuando tienen un mal día, buscan refugio en casa cuando se sienten inseguros y, en ocasiones, incluso muestran comportamientos que nos recuerdan a etapas anteriores de la infancia.

Puede parecer una contradicción. En realidad, es una de las grandes paradojas de la preadolescencia.

Antes de interpretar estos cambios como un problema de conducta, conviene recordar que estamos asistiendo a una de las mayores transformaciones del desarrollo humano. El cuerpo comienza a cambiar, el cerebro atraviesa una profunda reorganización y el reloj biológico modifica sus ritmos. Muchos preadolescentes necesitan dormir más, les cuesta conciliar el sueño a la misma hora que antes y experimentan cambios de humor que forman parte de un proceso biológico tan intenso como necesario. No es que de un verano para otro hayan decidido convertirse en personas diferentes; están aprendiendo, literalmente, a habitar un cuerpo y una mente nuevos.

El psicoanalista Peter Blos describió esta etapa como la «segunda individuación»: un proceso en el que el niño comienza a construir su propia identidad separándose poco a poco de sus padres, aunque siga necesitando su seguridad emocional. Por eso aparecen comportamientos que desconciertan a muchos adultos. Necesitan distancia para descubrir quiénes son, pero esa distancia no significa que hayan dejado de necesitarnos. Simplemente empiezan a relacionarse con nosotros de una manera distinta.

En ese camino cobran una importancia enorme los iguales. El psiquiatra Harry Stack Sullivan explicó que las amistades durante estas edades cumplen una función esencial en el desarrollo de la identidad y la autoestima. Hoy, esas relaciones ya no se construyen únicamente en el colegio o en el parque. También se desarrollan en un entorno digital donde conversan, juegan, crean y buscan el reconocimiento de sus compañeros.

Negar esa realidad sería como intentar educar ignorando el patio del colegio. Nuestro reto no consiste en expulsarlos del mundo digital, sino en ayudarles a recorrerlo con seguridad, enseñándoles criterio y acompañándolos mientras aprenden a desenvolverse en él.

En Profundidad

Si quiere saber cómo acompañar a sus hijos en su vida en pantalla y redes sin perseguirlos, pinche aquí

Pero acompañar no significa únicamente proteger. También implica acercarnos a su mundo. Interesarnos por los videojuegos que les gustan, preguntarles por el creador de contenido que siguen o descubrir juntos nuevas formas de utilizar la tecnología nos permite construir algo mucho más valioso que el control: la confianza. Y cuando un hijo siente que puede hablar con nosotros sin miedo a ser juzgado, resulta mucho más probable que acuda a nosotros cuando realmente lo necesite.

En Profundidad

Las Pantallas: de 'enemigos' a aliados. Pinche aquí para leer

Como madres y padres tenemos la responsabilidad de ofrecer un entorno seguro, poner límites y proporcionar un suelo firme sobre el que nuestros hijos puedan crecer. Pero la preadolescencia nos recuerda que nuestra tarea no termina ahí. También debemos hacer el camino en sentido contrario: acercarnos a su mundo, comprender su mirada y acompañarlos mientras descubren quiénes quieren llegar a ser. Porque quizá la mayor paradoja de esta etapa sea que, justo cuando empiezan a caminar unos pasos por delante de nosotros, es cuando más necesitan saber que seguimos estando ahí.

Tracking Pixel Contents